MENSAJE DEL DÍA 3 DE OCTUBRE DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, mi Corazón viene lleno de dolor porque los hombres quieren explotar este lugar sagrado, hija mía. Los dones que reciben de Dios, cuando Dios se los pide, hija mía, se los rechazan y sólo buscan intereses. ¡Ay de éstos que se llaman católicos; qué manera de practicar la doctrina, hija mía! Lloro, hija mía, porque los hombres son tan crueles que no son capaces de aceptar las gracias que Dios derrama sobre ellos. Este lugar, hija mía, es sagrado porque mis plantas virginales han posado sus pies.

     ¡No permitáis, hijos míos, de que este lugar sea explotado! Os dije, hijos míos, que querían hacer desaparecer mi nombre de este lugar. Ahora es el momento de trabajar. También os dije, hijos míos, que vosotros seréis los que tendríais que sacar esta Obra adelante. ¡Adelante, hijos míos!, luchad para que se haga lo que yo digo. Quiero obras de amor y misericordia en este lugar y una capilla en honor a mi nombre; que se venga de todos los puntos del mundo a rezar y a recibir gracias. ¡Sed valientes, hijos míos!, y no permitáis que desaparezca mi nombre de este lugar.

     Y vosotros, pastores de la Iglesia, haced crecer mi Iglesia. Aquí hay gracias y semilla para que la dejéis crecer y desarrollarse. Aprovechad estos frutos, hijos míos, son tesoros que os pongo para beneficio de mi Iglesia. No os engañéis vosotros mismos, hijos míos, no rechacéis a vuestros hermanos, aceptadlos y gozad todos del don de Dios. Aquí hay gracias, hijos míos, de toda esta semilla que podéis recoger para engrandecer mi Iglesia y hacerla majestuosa. Aquí tenéis verdaderos seguidores del Evangelio. Yo planté un árbol en este lugar; mirad los frutos, hijos míos. No los desaprovechéis, ¡hacen tanto bien a mi Iglesia! No seáis ciegos, hijos míos. Los hombres quieren hacer desaparecer el Nombre de Cristo, y Cristo os pone en vuestras manos tesoros de gracias y los rechazáis. Pastores santos: reunid todo este rebaño y encaminarlo y dirigirlo a la Iglesia. Cristo no quiere que desaparezca el diseño de su Iglesia que dejó imprimido en ella; y por eso dentro de la Iglesia, hijos míos, hay un árbitro santo que dirige con santidad y justicia; es el representante de Cristo, hijos míos; obedecedle. Y vosotros, pastores de mi Iglesia, renovad vuestro espíritu y llenadlo del Espíritu Santo para saber discernir los frutos buenos de los malos. El fruto de la caridad, hijos míos, es el primero que Dios vertió sobre los hombres y que quiere que todos los hombres viertan ese fruto sobre sus hermanos. Sabed distinguir los signos de Dios. Otro signo de Dios, hijos míos, es el signo de la obediencia; ¿estáis ciegos, hijos míos?

     No dejéis desaprovechar tantos y tantos frutos aquí acumulados. Despertad los que estáis dormidos.

     Y vosotros, todos los que acudís a este lugar, os toca un duro trabajo, hijos míos; pero he derramado gracias suficientes para que correspondáis a ellas, hijos míos. Ahora es vuestra hora.

 

     EL SEÑOR:

     Mira, hija mía, todos aquéllos que sólo han pensado en intereses sin ocuparse de Dios. Los hombres se creen que son eternos y luchan por los intereses olvidándose de Dios.

     Repito, como Hijo de Dios vivo, las palabras de mi Madre: quiero que este lugar sea sitio de oración y refugio de necesitados. Tú, hija mía, ora y sufre. Con la oración todo se puede, hijos míos.

     No os dejéis engañar, hijos míos, con palabras astutas. Quieren hacer desaparecer mi Nombre de este lugar.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Madre mía, Tú que lo puedes todo, Madre mía, no permitas que este lugar sea de recreo y de pecado! Los hombres son capaces de todo, Madre mía.

 

     LA VIRGEN:

     Vosotros tenéis que trabajar, hijos míos. Dios no quiere tantos males en la Humanidad, y los hombres los provocan, hija mía. No piensan en los bienes celestiales; sólo están apegados a los bienes materiales, hija mía.

     Haced oración y sacrificios, hijos míos. Yo seguiré derramando gracias sobre este lugar; a ver si los hombres son capaces de derretir su corazón helado, hija mía.

     Besa el suelo en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo, hija mía. Pide por los pastores de mi Iglesia, para que sean fuertes, para que sean otros cristos en la Tierra... Levántate, hija mía, sella la frente... (Luz Amparo se levanta y se dirige a cuatro de las personas presentes).

     Hija mía, sé fuerte y acepta las gracias que Dios derrama sobre ti.

     Y tú, hijo mío, desde muy niño derramé gracias sobre ti; sé fuerte; san Agustín también fue un gran pecador y es un gran santo, hija mía.

     Acepta con alegría, hijo mío, las cruces que Cristo te pone en el camino; ése es el cambio de tu caridad: la cruz, hijo mío.

     Y tú, sé fiel, y que tu corazón no lo invadan los vicios del mundo. Trabaja para esta Obra, hijo mío, y recibirás tu recompensa.

     He sellado vuestras frentes, hijos míos; sed fieles testigos de Cristo.

     Hoy derramaré muchas gracias sobre este lugar a todos los que acudan; recibirán fortaleza, pues el hombre es débil y pobre en las cosas de Dios. Amaos unos a otros, hijos míos, ése es el signo del cristiano.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

     La paz os dejo.