MENSAJE DEL DÍA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hijos míos, aquí está vuestra Madre, Madre del Amor. Mis mensajes son de amor porque los tiempos son graves, hijos míos, y es necesario que el hombre se ame para poderse salvar. Quiero poneros un sello, en vuestro corazón, de amor; por eso vengo llena de amor y de misericordia, para derramarla sobre todas las almas, hijos míos.

     El que ama, hija mía, está en la vida; el que no ama está muerto. Por eso pido que se formen comunidades y que vivan todos como hermanos, porque la mayoría de los mortales viven sin practicar la doctrina de Cristo. Cada uno, hija mía, vive para sí mismo y se preocupa de su hacienda, y cuando ve a su hermano que tiene hambre o está desnudo le dice: “¡Dios te ampare, hermano!”. Viven de palabra, hija mía, pero no viven de obra, y el que vive de palabra no puede tener a Dios. Aquél que abre sus entrañas a los pobres y les tiende su mano, aquél vive de Dios. Pero, ¡ay, hijos míos, cuántos llegaréis a la puerta del Cielo y seréis rechazados, porque en vuestro corazón no ha habido nada más que intereses propios! Quiero que se formen comunidades y que la raíz sea ésta, y las ramas se extiendan por todas las partes del mundo de este árbol de la caridad.

     Quiero, hijos míos, que deis vuestras vidas y vuestra hacienda y viváis en pobreza, entregándosela a los pobres. ¡Qué pocos quieren vivir en pobreza, hijos míos!, por eso muchos serán los llamados y pocos los escogidos. Cuando lleguéis aquí, hijos míos, os responderán: “Ya tuvisteis quien os lo dijera, hijos míos, ahí estaba el Evangelio, ahí os lo dejó escrito Cristo”. Cuando renunciéis a todo y viváis como aquellos primeros cristianos, viviréis en la verdad, hijos míos. Entonces sí que os podrán decir que sois imitadores de Cristo y que vivís según el Evangelio. Pero, ¡ay de aquéllos que no abren las entrañas a sus hermanos y viven como el rico avariento en la abundancia!, mientras su hermano le pide ayuda y sólo le contestan de palabra: “¡Dios te bendiga!”. La palabra está muerta sin la obra.

     Son tiempos de amor. Practicad este primer mandamiento, hijos míos; os lo estoy repitiendo constantemente como Madre de amor y de misericordia. Os aviso como aquella madre buena que avisa al hijo, porque quiere lo mejor para él; así, hijos míos, es vuestra Madre del Cielo: quiere vuestra salvación. Vivid según el Evangelio, que muchos os dais muchos golpes de pecho, hijos míos, pero os olvidáis de las obras de misericordia.

     Quiero que en este lugar se construya una obra benéfica de pobres, hijos míos. Esta es mi respuesta a tu pregunta, hija mía. Quiero que se haga la Capilla y quiero que se funde una casa de amor y misericordia. Quiero que los pobres estén cerca de donde vuestra Madre del Cielo ha puesto sus plantas virginales. Ésta es la mejor obra: ayudar al desvalido, hija mía, ayudar al necesitado; pues los hombres tienen el corazón puesto donde está el tesoro de la Tierra, que para ellos es el dinero, el oro y las riquezas.

     Vosotras, hijas mías, y todo aquél que pertenezca a esta Obra, poned el corazón en el mayor tesoro, que es la Iglesia; allí está Cristo; amadla con todo vuestro corazón y haced que los hombres la amen.

     Dad ejemplo, hijos míos, de humildad y fortaleza, no os acobardéis por nada.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen en la Sagrada Eucaristía, hija mía...

     Quiero, hija mía, que enseñes a amar a mi Hijo, y que mi Hijo sea adorado día y noche en este lugar, cuando se construya la Capilla.

     Yo hoy sellaré todos los corazones con el sello del amor, para que los hombres se amen unos a otros y en el mundo haya paz.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales... Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de los pobres pecadores.

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.