MENSAJE DEL DÍA 1 DE AGOSTO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, aquí está vuestra Madre. Mira lo que traigo en la mano, hija mía: las Tablas de la salvación; sin estas tablas, el hombre no se salvará, hija mía. Mis palabras van a ser cortas, hija mía. Yo tengo las Tablas en mis manos. Mi Hijo me ha dejado como Puerta de salvación con estas tablas, las Tablas de la Ley. Sí, hijos míos, esas tablas son las Tablas del amor; ésa es la Ley de Dios; sin esa Ley, el hombre no se salvará.

 

     EL SEÑOR:

     Quiero que se me reconozca como el Creador del género humano. El hombre no me reconoce, soy un desconocido para ellos. ¿No os da pena, hijos míos, que las bestias irracionales reconozcan a sus dueños y vosotros, creaturas racionales, creadas a imagen y semejanza de Dios, no reconozcáis a vuestro Dueño absoluto? El hombre fue creado con el único fin del amor. El hombre se desconectó de Dios por el pecado y quedó muerto a la gracia; y la deidad de todo un Dios se juntó a la humanidad del hombre y lo injertó con su amor, lo mismo que cuando lo había creado; pero ni eso le afectó al hombre. Tuvo que venir el Verbo y hacerse hombre y derramar su sangre, para injertar al hombre del amor y para que hubiera vuelto el hombre.

     Mira, hija mía, cómo todos son caídos por el pecado, y cómo, la mayoría de los hombres, son levantados con la Sangre del Dios hecho hombre. Pero, muchos de ellos, ni con la Sangre del Hijo de Dios hecho hombre quieren salvarse, hija mía. ¿Qué más puede dar todo un Dios que, después de ser ofendido y ultrajado, dio a su propio Hijo para salvar a la Humanidad? Dios ama al hombre; es el hombre el que se desconecta de Dios por su pecado. El pecado es muerte y Dios es Dios de vivos. El que está muerto a la gracia está desconectado de Dios. Por eso os pido, hijos míos: aplicad bien la ley del amor, que es la ley de la salvación; es mi única Ley.

     No seáis corazones estériles. A Dios no le gusta que el hombre viva de la palabra, sino de la obra. Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con todo tu corazón, con todo tu entendimiento, y al prójimo como a ti mismo; ahí está la ley.

     El hombre, cada día, se endurece más, y es peor que las fieras; porque las fieras protegen a sus cachorros y el hombre destruye hasta a sus propios hijos. Cumplid con los mandamientos, hijos míos; no os quedéis sólo en el movimiento de labios. Son tiempos graves y, sin amor, el hombre no se salvará. ¿Qué más quiere el hombre que le diga? Acudid a este lugar y seréis bendecidos y protegidos. He puesto a mi Madre como Puerta de salvación. No os dejéis engañar por falsos profetas, hijos míos. Muchos de vosotros os dejáis arrastrar por el fanatismo.

     Amad a la Iglesia, amad al Vicario de Cristo.

     Mira, hija mía, todos los ángeles que rodean este lugar. Dejaos, hijos míos, sellar vuestras frentes por vuestros ángeles custodios. Todos los que acudan a este lugar serán sellados y bendecidos; pero apartaos de aquellos lugares que no os enseñan a amar a la Iglesia y a cumplir con la doctrina de Cristo.

     Los tiempos son graves, hija mía, y el hombre sigue obstinado en no reconocer a su único Dueño y Señor. Dejaos injertar de mi amor, hijos míos; yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Comed mi Cuerpo y bebed mi Sangre; pero comedlo y bebedlo en gracia, para que podáis tener vida eterna y gozo infinito. Pero, ¡ay de aquéllos que comen mi Cuerpo y mi Sangre y están muertos por el pecado!, ellos mismos siembran su condenación.

 

     LA VIRGEN:

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los moribundos...

     La paz sea con vosotros, hijos míos.

     Os bendigo como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.