MENSAJE DEL DÍA 2 DE MAYO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hijos míos, hago un llamamiento para toda la Humanidad: todos aquéllos que podáis vivir en comunidad, hijos míos, hacedlo. Reuníos en una sola familia y vivid según mi espíritu. Yo hago un pacto con todos vosotros de fidelidad y de amor, para todos aquéllos que queráis vivir según el Evangelio en una gran familia. Os pido, hijos míos, que seáis unos mismos y viváis como hermanos; todos seáis unos, hijos míos, como el Padre y yo somos uno; así os pido, hijos míos, que viváis todos unidos.

     Es difícil, hijos míos, os repito, que podáis salvaros en el mundo, porque en el mundo vivís según vuestros gustos y para vosotros mismos, sin olvidar, hijos míos, que habéis sido creados con un solo fin. Cumplid el primer mandamiento: amarás al Señor, tu Dios, y al prójimo como a ti mismo. Y para vosotros, hijos míos, el prójimo no existe; sois vosotros mismos los que pensáis en sí mismos.

     Quiero que viváis una vida litúrgica, y para vivir esta vida litúrgica, hijos míos, sólo tenéis que hacer una cosa: retiraos del mundo y vivir como aquellos primeros cristianos, amándoos unos a otros, sin pensar en vosotros mismos.

     Es hora, hijos míos, que abráis vuestros oídos; no queráis escuchar el día de vuestro juicio: “Id, malditos, al fuego eterno que está preparado para Satanás y sus ángeles..., porque tuve hambre y no me disteis de comer, sediento y no me disteis de beber, desnudo y no me vestisteis, enfermo y no me visitasteis”. En ese momento, hijos míos, no escucharé los llantos, ni el rechinar de dientes. Vivid según el Evangelio, para que oigáis las palabras de “venid, benditos de mi Padre a gozar todos de lo que mi Padre tiene preparado para todos aquéllos que han hecho su voluntad”. Hijos míos, ya es hora que viváis el Evangelio según está escrito; no que cojáis la parte del Evangelio según os conviene a vosotros, hijos míos. Yo os amo y por eso os aviso.

     Derramaré muchas gracias sobre vosotros, hijos míos. Todos aquéllos que acudáis a este lugar, seréis bendecidos con bendiciones especiales.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos, hijos míos... Estos objetos, hijos míos, han sido bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas.

     Repito, hijos míos, que todos los que podáis, viváis en grandes comunidades y viváis litúrgicamente.

     La paz sea con vosotros, hijos míos.