MENSAJE DEL DÍA 1 DE JUNIO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     ¡Ay, habitantes de la Tierra y guías de los pueblos!, que os rebeláis contra la palabra de Dios y no observáis sus leyes. Os dejáis conducir por el rey de la iniquidad; en vuestros corazones ha desaparecido la piedad, el amor... ¡Ay de aquéllos que os llamáis cristianos practicantes y os rebeláis contra las leyes de Dios y hacéis abrigo de la mentira y refugio de la lujuria! Os habéis dejado de apoyar en la Piedra Angular, que es la vida y la fortaleza; y con engaños os dejáis arrastrar por la astucia de Satanás. Venid y refugiaos en mi Inmaculado Corazón, que yo derribaré el abrigo de la mentira y el refugio de la lujuria.

     La Iglesia llora por tantos crímenes inocentes de aquéllos que os llamáis cristianos practicantes de la doctrina de Dios; sois consentidores del derramamiento de sangre de víctimas inocentes. Habéis perdido las tres potencias del espíritu, os habéis quedado sin voluntad y sois peores que las fieras, porque las fieras protegen a sus cachorros y vosotros los matáis dentro de vuestras propias entrañas; cubrís la sangre de vuestro cuerpo con los crímenes de esos inocentes, la tierra queda cubierta por la mancha del crimen.

     ¡Ay de vosotros habitantes de la Tierra!, estáis viviendo en un mundo tenebroso, lleno de tinieblas y de tentación. Acudid, hijos míos, a nuestros Corazones; todavía podéis, hijos míos, salvaros de tantos y tantos crímenes como habéis cometido. Pero, ¡ay de aquéllos que no os arrepintáis, pereceréis todos juntos!; aquéllos que os llamáis buenos pereceréis junto a los malos. Me honráis con los labios, hijos míos, y ¡qué lejos está vuestro corazón de mí! Orad, haced penitencia, haced sacrificios. Decís... que estáis cumpliendo las leyes y en vuestro corazón no hay nada más que perfidia, hijos míos.

     Yo soy vuestra Madre, Madre de los pecadores. Venid, hijos míos, que soy Madre de misericordia. Sigue mi Corazón intercediendo por vosotros. Pero cada día, hijos míos, os introducís más en la tiniebla, en el vicio, y vuestras mentes quedan oscurecidas, y vivís según la carne, no según el espíritu.

 

     EL SEÑOR:

     Yo soy Jesús, el Hijo de Dios vivo, el que quiera seguirme tiene que renunciar a sí mismo, a su hacienda; no anteponer a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana, a sus hijos, a sus hijas, antes que a mí. Ése es el primer mandamiento de la Ley de Dios: amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo. Os amáis a vosotros mismos y a los vuestros, y olvidáis a Dios, hijos míos. ¿Dónde está el mandamiento del amor? ¿Lo habéis olvidado? Es el mandamiento de la salvación. La cólera de Dios caerá sobre vosotros, si no hacéis penitencia y sacrificio. La justa ira de Dios derramará su cólera. Escuchad mis palabras, hijos míos, el tiempo se acorta y vuestros corazones siguen endurecidos. Orad, haced penitencia y sacrificios, renunciad a vosotros mismos y a vuestra hacienda, hijos míos. El corazón lo tenéis puesto en la hacienda; por eso vuestro corazón está tan lejos de mí. El Castigo vendrá como el relámpago, sin avisar, hijos míos; estad preparados, no seáis como las vírgenes necias.

 

     LA VIRGEN:

     Yo intercedo a mi Hijo, hijos míos, que tenga compasión de todos vosotros. Arrepentíos y convertíos. No alimentéis tanto vuestra carne de tantos y tantos gustos y practicad ese primer mandamiento del amor de Dios. Si los hombres se amasen, el mundo se salvaría, hijos míos. Orad y presentad buenos frutos, para que mi Hijo tenga compasión de vosotros.

     Soy Madre de los dolores, de los dolores de la Humanidad. Ayudad a reparar tantos y tantos pecados y ofensas como se cometen contra la Divina Majestad de Dios. El mundo ha perdido la moral. No hay nada más zozobras, hijos míos; ¿no os dais cuenta? Amaos los unos a los otros. Si no hay amor, no habrá salvación.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen en el mundo...

     Y tú, hija mía, sigue adelante; refúgiate en nuestro Corazón y recibirás fuerzas para tantas y tantas pruebas como se te presentarán. Bienaventurados los que sois calumniados a causa del nombre de Dios. Hija mía, ámanos mucho y refúgiate en nuestros Corazones. El tiempo es corto y la eternidad es larga. ¡No desfallezcas, hija mía, sé fuerte, la fortaleza está en Cristo!

     Acudid a este lugar, que todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales para su salvación. Amad mucho a la Iglesia, hijos míos, amad al Vicario de Cristo. Pedid por los guías del pueblo para que sean pastores de almas, que muchos viven de la Iglesia, pero no viven para la Iglesia.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.