MENSAJE DEL DÍA 5 DE ENERO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, como siempre, mi Corazón viene lleno de dolor, porque los hombres tienen sólo hambre de guerras, matanzas y sangre. El mundo está gobernado por la ira, por el odio, por la envidia, por la lujuria; los hombres no piensan nada más que en el poder y en la gloria terrena; su corazón está henchido de odios y rencores. ¿De qué manera los hombres honran mi nombre? Sólo mueven los labios en voz alta, para que se los oiga.

     No seáis fariseos, hijos míos, que la maldad y la impureza viene de dentro de vuestro corazón y cubre vuestro cuerpo. ¿De qué os sirve lavar el exterior, hijos míos, si vuestra alma está sucia? Serán malditos todos aquéllos que cuelan el mosquito y dejan pasar el camello; malditos todos aquéllos que se les ha dado poder para gobernar los pueblos; aquellos pastores que se les ha dado poder para predicar la doctrina y la cambian, y ponen y quitan a su antojo lo que les gusta. Serán malditos todos aquéllos que han cerrado sus corazones a sus hermanos.

     Mira, hija mía, la situación del mundo es grave, muy grave; los hombres no hacen caso a mis palabras; las leyes de Dios los hombres las han adulterado. Todos aquéllos que pesan la ofrenda del comino y esconden sus riquezas donde nadie las encuentre, serán malditos; aquéllos que esconden la luz bajo el celemín para que sus hermanos no puedan participar de esa luz, serán malditos. ¡Ay, sepulcros blanqueados, que cuando se vaya la cal de vosotros, pobres de vosotros!; oleréis, hijos míos, y apestaréis. No seáis sepulcros blanqueados, que, cuando desaparezca la cal de vosotros, quedará la basura y sólo quedarán los huesos. Amaos unos a otros, hijos míos, ése es el mandamiento de la Ley de Dios. Compartid con vuestros hermanos no lo que os sobre, hijos míos, sino lo que Dios os ha dado.

     ¡Ay de aquéllos que sólo buscan el poder y quieren gobernar con orgullo y buscan la vanagloria para ellos solos! ¿Sabéis cómo se limpiará vuestro cuerpo y esas impurezas que lleváis dentro? Con alabanzas a Dios vuestro Creador, hijos míos. Entregaos unos a otros y amaos unos a otros como Cristo os ama, hijos míos. ¡Ay de vosotros, hijos míos, que echáis las culpas de vuestros pecados sobre las espaldas de vuestros hermanos! Si no cambiáis seréis malditos, hijos míos; y no, hijos míos, porque no os ame mi Corazón, sino porque vosotros, hijos míos, no queréis acatar las leyes que Dios os ha impuesto.

     Mira, hija mía, si Dios ama al hombre y lo que creó para él. Mira por el ojo del tiempo, verás lo que ves, hija mía. Mira, hija mía, qué paraíso. Este paraíso está preparado desde la creación del mundo, desde el principio, para todo hombre de buena voluntad. Mira cómo pacen el toro y la vaca; mira el cordero y la oveja, mira la serpiente más venenosa cómo está entre el hombre y el niño sin afectarle, hija mía. Mira qué riachuelos, mira qué belleza hay en estos universos. Esto era, hija mía, y sigue siendo lo que Dios tenía preparado para el hombre. Pero el hombre, con su maldad y queriendo ser más que Dios, quiso quitar atributos al Señor; y a Dios no se le pueden quitar atributos, hija mía, porque Él lo tiene todo y lo es todo. Mira, ésta es la parte positiva del hombre y a donde el hombre irá si con humildad acepta las leyes de Dios. Pero verás este otro ojo del tiempo, lo que el hombre hizo y sigue haciendo; la causa del pecado, hija mía, y la destrucción. Mira, hija mía: grandes guerras sangrientas, grandes terremotos, fuertes huracanes, mares embravecidos, terremotos donde quedará engullida la mayor parte de la Tierra. Esto es lo que el hombre, hija mía, con su pecado y con su falta de amor, ha conseguido.

     Hijos míos, acatad las leyes de Cristo; amad a la Iglesia con todo vuestro corazón. Dios os ama a todos, hija mía.

     Orad, hijos míos; los tiempos son graves. Y ¡ay de aquéllos que se hacen los sordos ante las palabras del Evangelio y no quieren escuchar a los instrumentos que Dios pone para comunicarles el peligro que acecha a su alma! Hijos míos, los tiempos son muy graves. Seguid rezando el santo Rosario con mucha devoción, hijos míos. Y practicad el primer mandamiento de la Ley de Dios: amaos unos a otros como Cristo os ama. El hombre ha olvidado este mandamiento.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la Humanidad...

 

     LUZ AMPARO:

     Te pido, Madre mía, por la paz del Golfo y para que esos hijos vuelvan a sus hogares sanos y salvos. Dios mío, si es tu voluntad, te lo pido.

 

     LA VIRGEN:

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de vuestras almas...

     La paz sea con vosotros, hijos míos.