MENSAJE DEL DÍA 6 DE OCTUBRE DE 1990, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR (1):

     Hija mía, mi mensaje hoy va a ser muy corto. Voy a dar una explicación a los hombres, que no han entendido lo que es el Maestro Universo y el Universo. Mira, hija mía, en la Isla de la Luz está el Maestro Universo. Ahí está el trono de Dios. Mira, aquí está el que por Él vivís, os movéis y existís. Aquí está el que hará justicia sobre la Tierra.

     Oirás mi voz; te enseñaré mis manos, pero no podrás ver mi rostro. Para ver mi rostro, hija mía, hay que morir. Aquí está el principio, el fin de todas las cosas. De mí salió el Verbo para hacerse hombre; para que el hombre pudiese hacerse Dios. Yo soy el Fuego y por eso mandé al Verbo, para que mandase fuego a la Tierra y ardiese la Tierra. Yo soy el que todo lo ha creado; el que ha creado a todas las criaturas. Mira mis manos; con estas manos he modelado todas las almas. Aquí está la Fuente viva de la Vida; aquí hay manantiales divinos; aquí está el Maná para que los hombres se sacien en él. De aquí saldrá la justicia para la Tierra y el premio para los que la hayan obrado según mis leyes. Yo amo lo que he creado; por eso no puedo odiarlo. No soy como las madres terrenas, que crían a sus hijos; después de alimentarlos con su sangre, los matan y los abandonan. Yo no os desprecio, hijos míos, sois vosotros los que me despreciáis a mí.

     Yo soy el que enterró en las entrañas de la Tierra el uranio, el petróleo, el oro, para que cuando los hombres lo necesitasen darles inteligencia para buscarlo. De aquí sale todo, hija mía. Mira las grandezas que hay en este Maestro Universo, ¿cómo los hombres son tan necios y no entienden mis palabras? Abrid vuestros oídos, hijos míos, y sabed discernir mi mensaje.

     No os ocupéis tanto de vosotros mismos. Adorad y glorificad a vuestro Dios. Muchos de vosotros, de aquéllos que acudís a este lugar, vais detrás de profetas falsos esperando que sean altos puestos de la Iglesia. ¡Qué ignorantes!, ¿cómo comprendéis vosotros que un dirigente de la Iglesia puede ser elegido por hombres? El Santo Padre siempre es dirigido por el Espíritu Santo. Cuando en la Tierra se nombra a un Papa, es el Espíritu... (Pausa en la que Luz Amparo expresa gozo, mientras ve unos rayos de luz que descienden de lo alto iluminando a los que eligen al Papa), el Espíritu Divino, el que lo nombra para que pueda regir la Iglesia, porque la Iglesia es santa y para dirigirla hay que nombrar a un varón santo. La Iglesia será dirigida por un varón consagrado a Dios —aunque los seglares sean los que levanten la Iglesia—, principal; tiene que ser un hombre elegido por Dios, que su vida esté consagrada a Él.

     Aquí está, hija mía, en este trono, el que era, el que es y el que será. Aquí está el mismo Dios: el que ha existido, el que existirá y el que nunca jamás dejará de existir.

     Pedid, hijos míos, que todo lo que le pidáis de buena voluntad os lo concederá. Pero antes tenéis que limpiar vuestra alma de tanta y tanta suciedad que tenéis en ella; para poderos comunicar con Él, el alma tiene que estar limpia, para que en ella caiga la gracia santificante. ¡Cuántos falsos profetas acuden a este lugar! Hijos míos, cuidad este lugar. Este lugar está consagrado; las plantas virginales de María lo han pisado. Venid todos a mí, que yo soy el Camino y la Vida y la Verdad eterna.

     El Monitor es el Verbo Encarnado; es el que dirigirá hacia la Isla de la Luz a todas aquellas almas que se dejen conducir por Él.

     Ya digo en mi Evangelio: “El que tenga oídos que oiga”. No seáis sordos y ciegos, hijos míos. Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo...

     Yo soy el Fuego que abrasa los corazones. Yo soy el que da la vida y la quita. Invocad al Espíritu Santo; está entre vosotros para comunicaros la verdad y para que sepáis entender todos estos misterios. Para entenderlos tenéis que ser muy humildes y no pensar en vosotros mismos; tenéis que olvidaros de vosotros y ocuparos más de los demás. Amaos, hijos míos, unos a otros, ¡ése es el gran misterio de la verdad! Todo aquél que ame con todo su corazón a su hermano tendrá vida eterna. La situación del mundo es grave y los hombres son miopes, hija mía, no alcanzan a ver la verdad.

     Orad mucho, hijos míos, sacrificaos para que el mundo esté en calma. Grandes castigos caerán sobre la Humanidad. Y no despreciéis a Dios vuestro Creador, porque os prueba con la purificación, con el dolor. Dios os ama y por eso os corrige, hijos míos. A vosotros os gustan las alabanzas, no os gustan los sacrificios. Sin muerte no hay Cielo, hija mía. ¿Cuántas veces te he dicho que hay que morir para resucitar? Grítales a los hombres que tienen que ir muriendo a sus gustos, a sus vanidades, a sus caprichos, a ellos mismos para llegar a mí, y que crean en la Palabra, que soy yo. Mira, hija mía, ¿cómo no voy a amar a los hombres? Mira mis manos, ahí los tengo escritos a todos.

     Ni una sola criatura ha dejado de pasar por mis manos, hija mía. Por eso te he dicho que amo a lo que he creado; y puse dentro de sus cuerpos un alma modelada y perfecta, pero ellos la han hecho imperfecta; ellos la han ensuciado con el rencor, con las envidias, con los crímenes, con la materia... Todos, hijos míos, teníais alma de ángel y en parte de vuestra alma la habéis convertido parte de ángel y parte de Satanás. Olvidaos de uno para que el otro reine dentro de vuestra alma; pero que ese otro, hijos míos, sea el mismo Dios, el que os ha creado para sus fines, para que podáis gozar de los billones y billones de universos que hay vacíos. Os quiero sacrificados, humildes y desprendidos. Amaos los unos a los otros como mi Corazón os ama.

     Vuelve a besar el suelo por tantas y tantas ofensas como son hechas contra la Divina Majestad de Dios... “Referenciad” (2)y reverenciad el Nombre de Dios con alabanzas.

     Acudid a este lugar, hijos míos, que todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales para su alma y su cuerpo. ¡Dejaos de ir detrás de profetas falsos! El apóstol de Dios tiene que desprenderse de sí mismo y de todas sus cosas. Tiene que imitar a Cristo en el Pesebre y en la Cruz. Muchos de vosotros os llamáis apóstoles de los últimos tiempos; ¿qué habéis dejado, hijos míos, si no os gusta nada más que las alabanzas, las riquezas, el mundo? No sois austeros, hijos míos. El apóstol de Cristo, cuántas veces tengo que decir que tiene que ser pobre, humilde y sacrificado. Cuando viváis como aquellos primeros cristianos que no tenían nada suyo —lo de uno era de todos y lo de todos era de uno—, entonces seréis apóstoles de los últimos tiempos. Pero grandes masas os amotináis para recrearos en vuestras palabras y envaneceros de vosotros mismos. ¡Ay de aquéllos que están jugando con mi Nombre! ¡Ay de aquéllos que se nombra cada uno un visionario particular, para que le recree los oídos con halagos y con vanidades! A Cristo se va por la cruz y por el dolor, por el sacrificio y la humildad, la obediencia, la castidad...

     Dejaos de seguir mintiendo, hijos míos, que cuando os presentéis ante Dios, vuestro Creador, ¿qué va a ser de vosotros, hijos míos? Amad a la Iglesia y no la ultrajéis, hijos míos; el apóstol de Cristo ama a la Iglesia como a su propia vida. Amando a la Iglesia amáis a Cristo.

     A ti te enseñé, hija mía, que la Iglesia era de Dios, aunque no es Dios, porque tiene fallos humanos, porque son hombres de carne y hueso —que te lo he enseñado, hija mía—, y caen en la tentación. Pedid por ellos y sacrificaos por ellos, en vez de ultrajarlos y difamarlos. Amad mucho a los representantes de Cristo.

     Hoy voy a dar una bendición especial para vuestras almas. Si cumplís todo lo que os pido, hijos míos, y os purificáis voluntariamente en la Tierra —pensad que estáis en el último tiempo de purificación—, os prometo que no pasaréis por las penas del Purgatorio. Sed caritativos, hijos míos, y amaos como el mismo Cristo os ama.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos...

     Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para los moribundos y para vuestra conversión.

     Os bendigo..., por el Padre, por el Hijo y por el Espíritu Santo.

     La paz os dejo, hijos míos.

 

 

 

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(1)           Al parecer, intervienen varias personas divinas, por eso se ha puesto “El Señor”, que vale para la Santísima Trinidad.

(2)  ¿Se trata de un error de pronunciación al decir “referenciad” por “reverenciad”, o bien de una licencia verbal, que sería equivalente a “hacer referencia” o “referir”?