MENSAJE DEL DÍA 1 DE ABRIL DE 1989, PRIMER SÁBADO
DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL
(MADRID)
LA
VIRGEN:
Hija mía, orad, haced
sacrificios. La Tierra está gravemente, cada día más herida por el pecado. Esta
herida es incurable, hija mía. Han llegado los hombres hasta tal punto de
iniquidad que parte de la Tierra será arrasada; dos partes serán arrasadas por
el fuego. Lo mismo que un día el mundo fue destruido por el Diluvio, otro día,
no muy lejano, hija mía, será destruido por el fuego. Sólo el sacrificio y la
oración salvarán una parte de la Humanidad.
Orad, orad, hijos míos,
que orando no caeréis en tentación.
Los hombres se olvidan
de Dios, hija mía, y han profanado la Tierra por el pecado, y parte de la Tierra
está maldecida, hija mía. Han violado las leyes de Dios y los mandamientos, y el
pecado ha traspasado la bóveda del cielo, y el cielo se ha enrojecido por el
pecado. El hombre, hija mía, es como una fiera salvaje.
Yo quiero que se forme
un gran rebaño; pero para ser buenos apóstoles, hijos míos, hay que cumplir con
las leyes; mi Hijo lo dejó escrito: “El que está contra mí no será de mi rebaño,
sólo será de mi rebaño aquél que está conmigo”. Ya lo dijo, hijos míos: “Yo soy
el Maestro y vosotros sois los discípulos”. Si os apartáis del Maestro no
podréis dar buen fruto. Si estáis cerca del Maestro, cuanto más cerca estéis,
mejor fruto daréis, hijos míos.
Cumplid con el
Evangelio, amad a la Iglesia y frecuentad los sacramentos. El sacramento de la
Penitencia es muy importante para vuestra salvación, hijos míos. Que nadie os
engañe. Guiaos por el Evangelio.
Besa el suelo, hija
mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo...
EL
SEÑOR:
Y vosotros, que sois
mis sarmientos, no os retiréis de mi viña. Yo soy la viña y vosotros los
sarmientos. Si os retiráis del tronco, hijos míos, pereceréis. Acercaos con
sacrificio y penitencia. Retiraos del mundo, de sus vanidades y de sus placeres.
Haced una renuncia a todos vuestros bienes. Sólo uno es vuestro Pastor y sólo
uno es vuestro Señor. No busquéis tesoros en la Tierra, hijos míos, que esos
tesoros no sirven al hombre nada más que para condenarse. Buscad los tesoros que
hay en el Cielo. Y... ¡ay de aquéllos que sean arrasados por el fuego! La justa
ira de Dios va a caer de un momento a otro sobre la Humanidad. Convertiros,
hijos míos, y arrepentiros.
De estas dos partes de
la Humanidad que serán arrasadas, ¡ay de los impíos, de los hipócritas,
fariseos!, ¡ay de los impuros!, ¡ay de aquellos falsos profetas, de aquéllos que
quieren convertirse en dioses! Todos arderán como la leña seca, hija mía, arde
en el fuego. ¡Ay de aquéllos que se llaman justos ante los ojos de los hombres y
ante los ojos de Dios son fariseos, hipócritas!, ¡ay de aquellos
malvados!
LA
VIRGEN:
Mi Corazón Inmaculado
quisiera salvar, hija mía, a toda la Humanidad. Mi Corazón sigue pidiendo
misericordia aun por los impíos, por los hipócritas, por los fariseos; pero la
justicia de Dios es santa y la Tierra está preparada para arder como la leña
seca.
Os quiero sarmientos
verdes para que podáis dar mucho fruto, hijos míos.
Reuníos todos a orar,
pero no de palabra, hijos míos, sino que vuestra oración salga de lo más
profundo de vuestro corazón. Y cumplid con las leyes del
Evangelio.
Amad mucho al Vicario
de Cristo. Es muy perseguido, hija mía. ¡Ay de aquéllos que persiguen al
Vicario, y que quitan del Evangelio y ponen a su antojo lo que les parece! ¡Ay
de aquellos pastores desviados por la concupiscencia de la carne! Todos aquéllos
serán arrasados y aniquilados. Los ejércitos de la justicia de los ángeles están
preparados, para que Dios dé la señal de su divina justicia, y
con la punta de sus
espadas toquen parte de la Tierra y sea reducida a
cenizas.
Os pido, hijos míos,
oración y sacrificio. Quiero que ayunéis los viernes a pan y agua, hijos míos. Y
aquéllos que por vuestra salud o por vuestro trabajo no podáis hacerlo, ofreced
sacrificios de vuestros gustos.
Amaos unos a otros,
hijos míos.
El mundo va a ser
destruido por falta de amor. Los hombres se han degenerado, hija mía, por los
vicios, por las pasiones... Pido que todos juntos, hijos míos, os sacrifiquéis y
oréis y forméis grandes grupos.
También hago una
llamada a toda la Humanidad, para que acuda a este lugar, para que sus frentes
sean selladas, para que cuando llegue el día de la Divina Justicia, por esa
señal, sean respetados.
Orad, hijos míos, y
encomendaos a mi Inmaculado Corazón. El os protegerá.
Tú, hija mía, sé
humilde, muy humilde, y refúgiate en nuestro Corazón.
Os pido sacrificio y
penitencia para poder estar en el lado de los escogidos.
Levantad todos los
objetos, hijos míos; todos serán bendecidos...
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
Adiós.