MENSAJE DEL DÍA 4 DE FEBRERO DE 1989, PRIMER
SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO
DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA
VIRGEN:
Hija mía, hoy mi
Corazón viene lleno de dolor, como tantas y tantas veces, de ver la corrupción
de la Humanidad. El mundo está corrompido por el pecado, hija mía. La mayor
parte de los hogares está en guerra porque la pareja se ha unido sin amor, hija
mía, y su espíritu se ha degenerado en el pecado y la gracia no puede entrar en
su corazón.
Aflige mucho mi Corazón
el Castigo que va a caer sobre la Humanidad, hija mía; grandes lluvias de fuego
reducirán la Tierra en cenizas, y todos aquellos grandes trabajos que los
hombres han hecho y que admiran tanto sus corazones van a ser destruidos, hija
mía.
Besa el suelo, hija
mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la
Humanidad...
No tardándose mucho,
hija mía, una noche de frío vendrá una gran catástrofe sobre los hombres, como
jamás se ha visto sobre la Tierra. Por eso pido, hijos míos, que forméis un gran
rebaño y os unáis todos a orar. Todos aquéllos que no dejéis de orar y de hacer
sacrificio y penitencia, hijos míos, seréis protegidos por mi Inmaculado
Corazón. Pero, ¡ay de aquéllos que se llaman justos y han abolido todas mis
leyes!
Este tiempo, hijos
míos, es de oración y sacrificio.
Grandes partículas se
desprenderán del horizonte a la Tierra, y la tercera parte de la Humanidad
quedará carbonizada por el fuego, hija mía; grandes y pequeños morirán
juntos.
¡Ay de las almas
consagradas que han vuelto la espalda al Dios Creador!, la venganza justa de
Dios caerá sobre ellos y en esos momentos no habrá lamentos ni tiempo para
arrepentirse.
Amad mucho a mi
Inmaculado Corazón, hijos míos. Yo seré el ancla de salvación que Dios ha puesto
para salvar a los hombres.
Vuelve a besar el
suelo, hija mía, por tantos y tantos pecados que cometen las almas
consagradas...
Es necesario que los
hombres se consagren a mi Inmaculado Corazón; todo aquél que esté consagrado
será protegido. Cuando esta noche oscura y fría suceda esta gran catástrofe,
hijos míos, cerrad las puertas y las ventanas, no seáis curiosos con las miradas
y arrodillaos y poneos a orar. Seréis protegidos por vuestra Madre
Inmaculada.
Mi Hijo está harto,
hijos míos, de las almas hipócritas, del desamor que hay en el mundo; y de un
momento a otro va a descargar su brazo sobre toda la Humanidad. ¡Convertíos,
hijos míos, y arrepentíos de vuestros pecados!
Yo hago un llamamiento
a toda la Humanidad. Es corto el tiempo, hijos míos. Cuando llegue el momento no
habrá oídos para escucharos ni corazón para protegeros. Hacedlo pronto, hijos
míos.
Y tú, hija mía, sigue
siendo víctima de reparación por la Humanidad. Es necesario que los hombres
cambien y que pueda coger un gran número en el rebaño de Cristo. Multiplicaos,
hijos míos, en este rebaño. Y ablandad vuestro corazón a la gracia, porque
muchos de vosotros vuestro corazón está endurecido por la falta de amor, por la
soberbia, por el apego a lo material. ¡Os olvidáis de vuestro espíritu, hijos
míos!
Derramaré muchas
gracias sobre este lugar, para que las almas se
conviertan.
Tú, hija mía, humildad
te pido; humíllate. El que se humilla será ensalzado. Tu misión es reparar, hija
mía, y participar de la Cruz de Cristo.
La Tierra temblará y
naciones enteras quedarán engullidas bajo los escombros. Por eso mi Corazón
viene tan afligido, hija mía, porque veo el Castigo que acecha a la Humanidad y
los hombres no cambian.
Amad mucho a la
Iglesia, hijos míos, y no dejéis de orar. Amad al Vicario de
Cristo.
Levantad todos los
objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el
día de las tinieblas, hijos míos...
Traed velas a bendecir, para cuando llegue ese momento. Sólo con una vela
tendréis para los tres días, hijos míos.
No dejéis de rezar el
santo Rosario con mucha devoción, y refugiaos en mi Inmaculado Corazón; él os
protegerá, hijos míos. Desprendeos del mundo. No seáis hipócritas ni fariseos; a
mi Hijo no le gusta la hipocresía ni la mentira.
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
Adiós, hijos
míos.