MENSAJE DEL DÍA 5 DE NOVIEMBRE DE 1988, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hoy mi mensaje, hija mía, va a ser corto. Hace tiempo que te dije que los mensajes se irían acortando.

     Hoy voy a dar una llamada a las almas consagradas.

     Tú, alma consagrada, vive de Cristo y vive y aliméntate con los dones del Espíritu Santo, para que puedas transmitírselo a los hombres. Enloquece por la Iglesia y enseña a los hombres la verdadera justicia y el verdadero amor. Aliméntate de la sabiduría de Cristo y enseña a las almas su mensaje, el mensaje del Evangelio.

     Y tú, hija mía, no tengas miedo a nada ni a nadie; mi amor te sostiene; mi amor te guía. Por tu generosidad, hija mía, ese alma se salvará y otras muchas almas. La generosidad, hija mía, es fruto del amor.

 

     EL SEÑOR:

     Aliméntate de mi costado e imprégnate de mi Sangre, hija mía. La ley que impuse a los hombres fue la Ley del amor, pero los hombres han destruido esa Ley, hija mía. Yo te impongo a ti esa Ley, la Ley de mi amor. No niegues nada a tu Jesús, hija mía, y tu Jesús no te negará nada a ti.

     Sólo el que está impregnado de la Sangre de Cristo puede comprender y puede hacer fructificar el amor, hija mía.

 

     LA VIRGEN:

     Yo, a todo el mundo que acuda a este lugar, derramaré gracias especiales para las almas y llevaré la paz a sus hogares.

 

     EL SEÑOR:

     Vuelvo a repetirte, hija mía: aliméntate del caño de mi costado. Si tú eres fiel a mi gracia, hija mía, yo nunca te quitaré lo que te he dado. Ama mucho a tu Jesús, hija mía, y tu Jesús te amará a ti.

 

     LA VIRGEN:

     Rezad todos los días el santo Rosario con devoción, hijos míos. Acercaos a la Eucaristía.

     Tú, hija mía, sé humilde, muy humilde. A mi Hijo le gusta tu candidez. Mi Hijo vino a condenar al mundo la mentira, la hipocresía. ¡Sé limpia de corazón, hija mía!, y sigue la Ley que te impuso mi Hijo de amarle con todo tu corazón y amar al prójimo como a ti misma. Sólo con el sacrificio y la penitencia, hija mía, se salvarán las almas. ¡Ama nuestros Corazones y nuestros Corazones te amarán a ti, hija mía! Siempre te han amado; desde muy niña fuiste protegida por Ellos, hija mía, y mi Hijo te dará lo necesario para poder sobrevivir en la Tierra y luego, hija mía, ¡la vida eterna!

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados que cometen las almas, hija mía... Y ama con todo tu corazón, hija mía. ¡Nunca será castigada el alma que ame! La Ley que Dios impuso al hombre, la primera ley fue el amor, hija mía.

     Y vosotros, hijos míos, todos los que acudáis a este lugar, seréis bendecidos y vuestras frentes serán selladas, para que el enemigo no pueda sellarlas, hijos míos.

     Levantad todos los objetos... Todos han sido bendecidos, hija mía.

     La paz os dejo, hijos míos.

     Adiós.