MENSAJE DEL DÍA 3 DE SEPTIEMBRE DE 1988, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, mi mensaje va a ser corto, pues todo lo tengo dicho, y todo se cumplirá desde el principio hasta el final.

     Seguiré manifestándome a mis altavoces, para que se lo comuniquen a los pueblos, porque por medio de estos portavoces las almas irán a Dios.

     Es necesario, hijos míos, que en estos tiempos haya una reconciliación del hombre a Dios. Dios está gravemente ofendido y los hombres no cambian. Aflige tanto nuestro Corazón los pecados de la Humanidad, pero lo que más aflige nuestro Corazón es los pecados de las almas consagradas. Mi Hijo ha puesto riachuelos de gracias en su Iglesia, para que los hombres beban de estas fuentes vivas. Para salvar a la Humanidad es necesario estas fuentes, pero los ministros de la Iglesia, hijos míos, administran mal estos riachuelos; dejan escapar hilos de agua divina y la desaprovechan para el bien de las almas. Se quedan ciegos, sordos y mudos, hija mía, a la gracia, y convierten los púlpitos, fríos, oscuros, en sepulcros silenciosos.

     Es necesario reparar los pecados de la Humanidad; por lo menos, queremos que se salve la tercera parte de ella.

     Sed firmes en la oración; orad, que todo aquél que permanezca en la palabra del Verbo, tendrá vida; porque el que permanece en el Verbo, permanece en el Padre, y permanece en el Espíritu Santo; pues el Espíritu Santo se puso en comunicación con el Padre, y los dos mandaron a Cristo a la Tierra, para redimir a la Humanidad.

     Amad mucho a la Iglesia, hijos míos. Los hombres se han olvidado de Cristo y se han introducido en el pecado.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

     Los administradores de los sacramentos olvidan la doctrina de Cristo, y ellos aplican la doctrina que a ellos les conviene; y transmiten a los hombres células cancerosas que el demonio aprovecha para aprovecharse de la Humanidad.

     Es necesario, en estos finales de los tiempos, la oración y el sacrificio, hijos míos. La juventud está corrompida por el pecado, por el vicio; está enferma, pero con una enfermedad que no tiene remedio, hija mía; sólo María, que es Corredentora de la Humanidad, puede ayudar a las almas a salvarse en estos tiempos.

     Vuelve a besar el suelo por las almas consagradas, hija mía...

     Pedid, hijos míos, que ese rebaño que está esparcido por el mundo, se encauce en el rebaño de Cristo. Los tiempos son graves, muy graves, y las almas siguen obstinadas en pecar y pecar, hijos míos. Los jóvenes... los enloquece el mundo, y se precipitan en el Infierno miles y miles de almas al día, hija mía. Se pierden la eternidad por el gozo, por el placer corporal.

     Amad a la Iglesia, amad al Papa, hijos míos. Seguid yendo de pueblo en pueblo, llevando el Evangelio, que es la sal de la Tierra. Conquistad almas para el rebaño de Cristo; amaos los unos a los otros, hijos míos, como mi Hijo os enseña a amaros. El hombre ha deformado el amor y lo ha convertido en placer. Los hombres fueron creados para amar y glorificar a Dios su Creador, y para amarse unos a otros como a ellos mismos, pero ¡qué deformación han hecho del amor!...

     Rezad el santo Rosario, hijos míos; con el santo Rosario podréis alcanzar la salvación. Frecuentad los sacramentos. El que come el Cuerpo de Cristo y bebe su Sangre, tendrá vida eterna, hijos míos.

     Como te he enseñado a ti, hija mía, no se puede ir al Padre sin pasar por el Hijo; el Hijo es la Iglesia.

     Acudid todos a este lugar, que todos los que acudáis a este lugar, recibiréis gracias especiales, hijos míos. En estos tiempos, el enemigo está sellando frentes para poder apoderarse de la mayor parte de los hombres.

     Sed humildes, hijos míos, la humildad es importante para la salvación. Orad, no os durmáis, hijos míos, el enemigo está al acecho de vuestras almas, y con la oración no podrá apoderarse de ellas.

     Hoy voy a dar una bendición especial con gracias muy especiales.

     Levantad los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos.

     Pero antes quiero, hija mía, que también sepas que tiene valor el sacrificio y la penitencia, y que mira mi Corazón cómo está rodeado de espinas, pero, por el sacrificio y por la penitencia, vas a arrancar tres espinas que han llegado a purificarse. Arranca tres espinas de mi Corazón, hija mía... Han sido purificadas gracias al sacrificio y a la oración; ¿ves cómo tiene valor el dolor, hija mía?

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

     La paz te dejo, hija mía.