MENSAJE DEL DÍA 7 DE FEBRERO DE 1987, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hijos míos, os sigo repitiendo: escuchad mi voz por medio de esta portavoz; no perdáis la fe ni la esperanza; si perdéis estas dos cosas, lo habéis perdido todo, hijos míos.

     Amad mucho a la Iglesia. No hagáis caso de doctrinas falsas; están invadiendo el mundo esas sectas falsas, que van en contra de la Iglesia de Cristo. Venid a mí, que yo os enseñaré a amar a la Iglesia, hijos míos. Yo fui el primer miembro de la Iglesia; en mí se obró de una manera santa la redención del mundo. Yo fui, hijos míos, el testigo fiel y obré en todo según la palabra de Dios, hice en todo su santa voluntad; por eso os pido, hijos míos: venid a mí, que yo soy Madre de la Iglesia, vuestra Madre. Mi Hijo en la Cruz, hijos míos, quiso que siguiera ejercitando la maternidad con todos los hijos que quisiesen seguir su mismo camino, el camino del Evangelio, el camino de la oración, de la penitencia y del sacrificio.

     Sed, hijos míos, hostias gratas y santas a Dios; conservad vuestros cuerpos como hostias vivas para la gloria de Dios, hijos míos. Yo derramaré gracias para que lo consigáis.

     También pedí, hijos míos, que se entronizaran en las casas los Corazones de Jesús y de María. Quiero que se entronicen, para que Satanás no reine en los hogares y los destruya, para que nuestros Corazones reinen en todos los hogares del mundo. No separéis, hijos míos, mi Corazón del de mi Hijo; mi Corazón está junto al de mi Hijo. La unidad de mi sangre purísima los tiene sellados, hijos míos. Cuando mi Hijo subió al Cielo, su Corazón se quedó junto al mío. Juntos pasamos las alegrías, las tristezas, y juntos reparamos los pecados de los hombres, hijos míos. Mi Hijo estuvo siempre junto a mí hasta el día de mi tránsito. La Madre siempre tiene que estar con el Hijo.

     Os pido, hijos míos, unidad; acogeos unos a otros como mi Hijo os acogió a todos vosotros.

     Mi Hijo quiere, hijos míos, quitaros de la esclavitud del pecado; quiere redimiros de esa opresión que tenéis, hijos míos; estáis oprimidos por el pecado, y mi Hijo dice: “Venid a mí todos los que estáis cargados y fatigados, que yo os aliviaré”. Id a mi Hijo, hijos míos. Y no escuchéis doctrinas falsas, no recreéis vuestros oídos a aquéllos que van en contra de Cristo. ¡Cuidado, hijos míos, que hay muchas sectas falsas! Y tú, hija mía, no acudas a ningún lugar si yo no te aviso, hija mía. Quieren introducir aquí a Satanás para destruir mi Obra; ¡cuidado, hija mía! El sacrificio y la oración harán huir de este lugar a todos esos profetas falsos.

     Amaos unos a otros, hijos míos. A ti, hija mía, te lo he repetido siempre: el mayor testimonio es el del amor...

     Sé humilde, hija mía, muy humilde; con humildad podrás conseguirlo todo.

     Y oración y sacrificio pido. Venid, hijos míos, que mi Inmaculado Corazón os espera; pero no se puede ser del mundo y de Dios: si se sirve a uno, se abandona a otro, hijos míos. Seguid el camino del Evangelio; id por todos los rincones de la Tierra hablando de la doctrina de Cristo. Que nadie confunda mi doctrina.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de los pecados de los hombres...

     Unidad pido, hijos míos, mucha unidad; me agradan tanto las oraciones en comunidad, hijos míos... Pero, ¡cuidado!, que nadie se salga de la doctrina de mi Iglesia, de mi Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Amad mucho al Vicario de Cristo, hijos míos. Id en constante... (Habla en lengua desconocida). Tú puedes decirlo, hija mía.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ah!, bueno... (Palabras en lengua desconocida).

 

     LA VIRGEN:

     Todos recibiréis mi gracia, hijos míos. Os repito: conservaos como hostias vivas, santas y puras para la gloria de Dios.

     Pide mucho por él, hija mía, sigue en un gran peligro. (Luz Amparo aclaró después que se refiere al Papa).

     Seguiré derramando gracias sobre este lugar, de alma y cuerpo, hijos míos. Os sigo repitiendo que todos aquéllos que recibáis gracias especiales, las comuniquéis a vuestro pastor, hijos míos.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos...

     Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales, hijos míos.

     Siguen llegando muchas almas al rebaño de Cristo; seguid adelante, hijos míos, que yo estaré con vosotros.

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

     Adiós, hijos míos. ¡Adiós!