MENSAJE DEL DÍA 7 DE JUNIO DE 1986, PRIMER SÁBADO
DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL
(MADRID)
LA
VIRGEN:
Mira, hija mía, qué
gloria espera a todos aquéllos que recen con devoción el santo Rosario. Son
perlas preciosas, cada cuenta del Rosario; perlas preciosas para llevarlas a las
moradas.
Mira el Infierno que
había preparado para muchas almas, hija mía.
LUZ
AMPARO:
(Exclama con
horror). ¡Ay! ¡Ayyy! ¡Ayyy! ¡Ay!
LA
VIRGEN:
Tú hubieras estado
entre ellas.
(Luz Amparo vuelve a
lamentarse).
Pero mi joya, que es el
Rosario, librará muchas almas de este gran peligro.
Mira, cada avemaría es
una rosa que sale por la boca de cada ser humano y llega directamente al Cielo.
Procurad rezar el Rosario de rodillas con mucha devoción. Después de la santa
Misa, es la memoria de la Pasión más grande. Se renueva la Pasión de Cristo en
cada cuenta del Rosario.
Mira las luces que
salen de esas cuentas del rosario. Y mira cómo vengo vestida de oro, de tantos y
tantos rosarios como me han rezado en este lugar. Otras veces me has visto con
ropa, casi como una mendiga; ¿sabes por qué? Porque las almas no rezan el
Rosario con mucha devoción. Pero mira el valor que tiene rezándolo con devoción,
pausadamente y bien meditado.
LUZ
AMPARO:
¡Ay, qué grandeza! ¡Ay,
qué grande!...
LA
VIRGEN:
No os acostéis ni un
solo día sin rezar esta plegaria que tiene tanto valor. Cuando un alma está en
gracia, hija mía, y reza el santo Rosario bien meditado, se le perdonan muchos
pecados de su vida pasada, hijos míos.
LUZ
AMPARO:
¡Ay, qué hermosa eres!
¡Ay, qué grande eres! ¡Ay, qué hermosura!
LA
VIRGEN:
Pedid mucho, que soy
Madre de todas las gracias... Y sigo repitiendo: todo el que venga a este lugar,
será bendecido. Y muchos hoy serán marcados con una gran cruz en la frente, que
unos a otros la verán... (Luz Amparo expresa
admiración).
Pero no me defraudéis
vosotros, hijos míos. No os acostéis sin renovar la Pasión de
Cristo.
LUZ
AMPARO:
¡Ayyy, ya llegó
(casi inaudible), ay!...
EL
SEÑOR:
Os voy a dar un consejo
a todos. Son palabras del Evangelio: amaos los unos a los otros, como yo os amé
y os sigo amando.
(Le muestra el cáliz
de la Pasión y Luz Amparo se lo pide).
LUZ
AMPARO:
Dame un
poquito...
EL
SEÑOR:
Todavía sigue habiendo
almas ofendiendo gravemente la Divina Majestad de Dios. Os sigo repitiendo: con
la medida que midiereis, seréis medidos. No queráis para otros lo que no queráis
para vosotros. No juzguéis, y no seréis juzgados. De la manera que juzguéis,
seréis juzgados, hijos míos. No seáis hipócritas, que queráis quitar la mota en
el ojo de tu hermano, teniendo una viga en el vuestro. Quitad vuestra viga y
veréis con claridad. Y después podéis quitar la paja en el ojo de vuestro
hermano. Dad y se os dará. Por media medida que deis, se os dará rebosando,
hasta arriba. Es un consejo que os doy, hijos míos.
Cumplid con el primer
mandamiento: amad a Dios sobre todas las cosas. Dejad todo por Él, si Él lo
pide. Y amad a vuestros hermanos con todo vuestro corazón.
Pero no los juzguéis:
¿quién sois vosotros para juzgar? Amaos con todo vuestro corazón. Pido que haya
paz en los hogares. Es la hora de la misericordia todavía. También pido que todo
el que quiera, vaya a los pueblos predicando el
Evangelio...
LA
VIRGEN:
Hija mía, sé humilde,
muy humilde. Con la humildad, ¡podrás ayudar a tantas almas!... No te abandones
en la oración. La oración fortalece, hija mía.
Voy a dar una bendición
especial. Servirá para la conversión de las almas y para todos aquellos enfermos
que padecen gravemente dolores y no saben ofrecerlo por la salvación de las
almas. Esta bendición va acompañada de la de mi Hijo.
Levantad todos los
objetos; todos serán bendecidos...
Amad mucho a vuestra
Madre, que vuestra Madre os ama con todo su Corazón, y extended la devoción al
santo Rosario, hijos míos, en reparación de todos los pecados del mundo.
Acercaos al sacramento de la Eucaristía; pero antes al de la Penitencia, hijos
míos.
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
Hijos míos, penitencia
y sacrificio pido.
¡Adiós!...