MENSAJE DEL DÍA 1 DE MARZO DE 1986, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, bajo del Cielo a la Tierra, para que aviséis por todos los lugares del mundo que quiero que se haga triunfar a mi Corazón Inmaculado. Moveos, hijos míos, trabajad, que estáis en unos momentos críticos. Id de pueblo en pueblo llevando a todos los hogares la devoción a mi Inmaculado Corazón.

     Soy Madre, hijos míos, de todo el linaje humano; por eso mi Corazón sufre; porque veo lo que se avecina sobre la Humanidad.

     Quiero, hijos míos, que reparéis por vuestros pecados y por los pecados de las almas que ultrajan y ofenden constantemente a Dios, mi Creador. No estéis en la oscuridad, hijos míos; moveos y extended la palabra de Dios por todos los rincones de la Tierra. Dios es gravemente ofendido, hijos míos; hay que reparar esas ofensas.

     También ruego a mis almas consagradas que sean fuego que inflame la Tierra; no sean tibios, hijos míos. Quiero fuego en las almas. Mis almas consagradas, que se embriaguen de Cristo; que Cristo las ama.

     Sed firmes en vuestro ministerio, hijos míos. Aquellas almas consagradas que se desvían del camino del Evangelio, que vengan a mi Inmaculado Corazón, que yo les daré gracias para ser fieles en su ministerio.

     Mi Hijo me manda a muchos países del mundo para avisar que hagan oración y penitencia. Mi Hijo lo exige, hijos míos, la oración y la penitencia.

     Es tanto el amor que siento por los hombres, que mi Corazón, hija mía, se derrite en ese fuego. Haced triunfar mi Corazón. Venid a mí, hijos míos. Yo os llevaré a mi Hijo. Mi Hijo será la Puerta del Cielo; y yo, hijos míos, cerraré la puerta del Infierno para que no entréis en él. Pero es preciso la oración, hijos míos; rezad el santo Rosario con mucha devoción, hijos míos. El santo Rosario os salvará...

     Cuando llegue el momento que venga Cristo, hijos míos, yo vendré con Él, porque Dios Padre así lo ordena. Dios Padre ordenó que viniese la Luz al mundo engendrándose en mis entrañas; y Dios Padre ha ordenado que venga la segunda vez con mi Hijo a ayudarle a salvar el mundo.

     Mi Corazón Inmaculado triunfará, hijos míos; por eso os pido extender la devoción a mi Inmaculado Corazón.

     Penitencia pido, hijos míos; no cerréis vuestros oídos a mis llamadas. ¡Mi Corazón ama tanto las almas!... Por eso da avisos constantemente.

     El Nombre de Dios, hijos míos, es ultrajado gravemente, y su cólera está a punto de caer. Los hombres no hacen caso a tantas calamidades como hay en la Tierra. Todo lo ven natural. Mi Hijo está purificando la Tierra. Satán quiere reinar en las almas, hijos míos; y está haciendo sus estragos en muchas naciones. La oración y la penitencia espantarán a Satán, hija mía. No os abandonéis en la oración. Amad mucho a mi Hijo y amad a vuestra Madre.

     Quiero templos vivos para, cuando llegue el momento, ayudar... (Habla en idioma desconocido). Tú, hija mía, no te abandones... Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo...

     Refúgiate en mi Inmaculado Corazón. Él será tu consuelo, hija mía. Y vosotros, hijos míos, amad mucho a mi Corazón. Es preciso extender la devoción a este Inmaculado Corazón... Vuelve a besar el suelo, hija mía, por mis almas consagradas; para que se embriaguen de Cristo... Quiero que sean la sal de la Tierra para ayudar a las almas a salvarse, hijos míos; pedid mucho por ellos. ¡Mi Corazón los ama tanto!... Pero muchos de ellos se han desviado de su camino, hija mía. Mi Hijo los ama tanto, que se entrega a ellos diariamente. Aunque sus manos estén manchadas, se deja que lo conduzcan donde quieran. Les pido a esas almas que sean fieles a su ministerio; que tengan compasión de mi Hijo. Sólo les pido amor. ¡Amor!... Besa el suelo, hija mía, por esas pobres almas...

     Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos; y esta bendición servirá para todas las almas que pisen este lugar, hija mía. No tengas duda que esta bendición sirve, como te dije. Para nosotros cuenta el presente, hijos míos. Mi bendición abarca todo el mundo... Levantad todos los objetos... Todos los objetos han sido bendecidos.

     Os voy a pedir, hijos míos: quiero que todos llevéis mi escapulario sobre vuestro cuello. El verdadero escapulario será hecho de la misma tela. Que esta tela sea de lana. Mortificaos un poco si os molesta, hijos míos.

     Quiero que llevéis el rosario constantemente con vosotros. Y vuelvo a repetir que muchos de los que acudan a este lugar, serán marcados con una cruz en la frente. Hay muchas marcas en las frentes, hijos míos; marcas de mis escogidos. Pero, ¡cuidado con vuestras obras y con vuestra vida, hijos míos; que Satán está sellando en la frente y en las manos! Con la oración y con el sacrificio Satán no vendrá, hijos míos, a vuestras frentes.

     Poneos a bien con Dios todos aquéllos que todavía no lo hayáis hecho; que es muy importante que en estos momentos todos estéis preparados, hijos míos. Os repito que la muerte llega como el ladrón, sin avisar. Si estuvieseis preparados y supieseis cuándo llega la muerte, sería espantoso antes que llegase este momento.

     Mira, hija mía, cómo salen rayos de luz de mis manos sobre todos vosotros, sobre todo este lugar, salen gracias especiales.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, qué rayos! ¡Ay, qué rayos en todo el cuerpo! ¡Ay, de las manos, de la... Uh... de la cabeza! ¡Ay, de los pies, del Corazón...! ¡Ay, qué cosa más bonita! ¡Ay, qué luz! ¡Ay, ay...!

 

     LA VIRGEN:

     Derramo esta luz sobre todos los corazones que quieran venir a mí, que soy Madre de amor, de gracias y de misericordia.

     Sé muy humilde, hija mía; ¡muy humilde! Te repito que la humildad es muy importante en las almas.

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

     Adiós, hijos míos. ¡Adiós!