MENSAJE DEL DÍA 2 DE NOVIEMBRE DE 1985, PRIMER SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL
(MADRID)
LA VIRGEN:
En ese lugar, hija mía, están engañando a los humanos. ¡Pobres almas! Son engañadas y les gusta ir a esos lugares por querer ser más, más. Mirad el Infierno cómo existe, porque Luzbel quiso saber más que Dios. Bienaventurados... —como dice Cristo en su Evangelio—, bienaventurados aquéllos que creen sin ver, porque tienen una gran recompensa.
Mira, hija mía, como los humanos no cambien...
LUZ AMPARO:
¡Ah! ¡Ay, Señor! ¡Fuego, fuego! ¡Tres, cuatro! ¡Ay...!
LA VIRGEN:
Grandes columnas de fuego, hija mía, destruirán la mayor parte de la Humanidad. Mira esa columna, viene del Este y va a destruir grande parte de Europa... (Ante esta visión, Luz Amparo se lamenta). Esa otra, hija mía, va en dirección a Roma.
LUZ AMPARO:
¡Ay, ay, ay, al Vaticano! ¡Ay, ay...!
LA VIRGEN:
Grande parte de Roma será destruido, hija mía. Mira esa otra.
LUZ AMPARO:
¡Ay...! ¡Ay...!
LA VIRGEN:
Rusia, China.
LUZ AMPARO:
¡Ay..., cuántos!
LA VIRGEN:
Esa otra, hija mía, irá
hacia Alemania... (Luz Amparo se vuelve a lamentar con profunda
pena). Varias
partes del mundo serán destruidas, hija mía, con fuego.
¿Sabéis por qué el
demonio, hija mía, sigue rondando este lugar? Para destruirlo, haciendo ver en
otro lugar que me estoy manifestando; para destruirlo, hijos míos, porque no
hacéis bastante oración, ni penitencia, ni sacrificio. Vuestra oración no sale
de vuestro corazón, hijos míos. ¡Qué poco apreciáis mis
manifestaciones!
Sed humildes, hijos
míos, sed humildes y no queráis buscar. Buscáis, buscáis, y ¿qué encontráis en
esos lugares? Mentira,
engaño. Ese ser humano, desde
niño, tiene una maldad en su corazón, una maldad destructora para engañar a los
hombres, hija mía. ¡Pobre alma! Si lee este mensaje, todavía está a tiempo de
reparar el engaño y la mentira.
Necesito almas, hija
mía, almas que sean capaces de reparar las herejías que cometen contra mí, hija
mía. ¡Me dan tanta pena esas almas! Pero quiero que se arrepientan, que pidan
perdón de su engaño, de su mentira.
Besa el suelo, hija
mía, por esas herejías que cometen conmigo y con Cristo... Hija mía, imitan mis mensajes en ese lugar; los
mensajes que doy en este lugar. Imitan la voz, y hacen imitación, hija mía, para
engañar a la gente. Está
jugando con la Pasión de Cristo, con ese sacrificio divino y santo. ¡Me dan
tanta pena esas almas, porque nuestros nombres los ponen en boca de los humanos,
como un juguete en manos de un niño! Por eso digo, hija mía, que quiero almas,
almas que reparen.
LUZ AMPARO:
¡Ay, ay, ay...! ¡Ay,
qué triste y cómo lloras, ay! ¡Cómo caen tus lágrimas en el manto! ¡Ay, ay,
ay...!
LA VIRGEN:
Hoy vas a beber del
cáliz del dolor; hace mucho que no bebes, hija mía. Sólo una gota. Sí, hija mía,
está amargo, amargo.
LUZ AMPARO:
¡Ay, ay!... ¡Ay, ay,
qué amargo! ¡Ay, ay, qué amargo! ¡Ay...! ¡Ay, qué amargo! ¡Ay, está muy
amargo...! ¡Ay! ¡Ay, qué amargo!
LA VIRGEN:
Si una gota te sabe
amarga, hija mía, ¡cuánto, cuánto dolor siente mi Corazón por esas almas que
juegan con nuestros nombres, hija mía! Necesito, necesito almas para reparar.
¿Quién está dispuesto a reparar, hijos míos? No tomáis en serio las cosas, hijos
míos. En cuántos lugares me estoy manifestando, de otras partes del mundo, para
que los hombres cambien, para que se confiesen y se acerquen al sacramento de la
Eucaristía. Aquéllos que no lo habéis hecho, hijos míos, hacedlo hoy mismo, no
lo dejéis ni un minuto más.
Grandes catástrofes
caerán sobre la Tierra, hija mía, grandes plagas de enfermedades, de trombas de
agua, de fuertes huracanes, de grandes terremotos, caerán sobre la Humanidad
para purificarla, hijos míos. No os
rebeléis contra Dios; amadle con vuestro corazón, con vuestra mente y con
vuestros sentidos, hijos míos.
Refugiaos en mi Inmaculado Corazón; Él os protegerá, hijos míos, y os
llevará a Jesús, para Jesús llevaros al Padre, y el Padre daros la gran
recompensa, hijos míos.
Humillaos, hijos míos,
que el que se humilla será ensalzado. Amad a vuestro prójimo con todo vuestro
corazón, hijos míos, y amad a Cristo, y amad a vuestra Madre, que vuestra Madre
os está esperando con los brazos abiertos, hijos míos.
Vuelve a besar el
suelo, hija mía, por las almas consagradas... ¡Las ama tanto mi Corazón, hija
mía! Pide mucho por ellas, ofrécete víctima de reparación, por tantas ofensas y
tantos ultrajes como hacen a mi Corazón, hija mía. ¡Las amo
tanto!
Cuando esto que te he
dicho antes vaya a suceder, hija mía, te voy a dar una señal: cuando los hombres dejen de amar a Dios,
esto está sucediendo; cuando las almas consagradas abandonen su ministerio, esto
está sucediendo, hija mía; cuando en las escuelas no se hable de Dios, esto está
sucediendo, hija mía; cuando en los hogares haya pocas familias cristianas
y
cumplidoras de su
deber como cristianas, esto está sucediendo, hija mía; cuando el padre se rebele
contra el hijo y el hijo contra el padre, esto está sucediendo, hija mía;
entonces será la señal de todo esto que tú veías, hija
mía.
LUZ AMPARO:
¡Ay, eso que veía es
horrible! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay...!
LA VIRGEN:
Por eso lo que puede
salvar a la Humanidad: la oración y la
penitencia. Penitencia, penitencia, hijos míos. ¡Qué poco caso hacéis a esta llamada,
hijos míos, de penitencia! Y vuestra
oración que no sea mecánica.
Amaos los unos a los
otros, hijos míos. Tú sé muy humilde, hija mía, humilde, muy
humilde.
Vas a beber otra gota
del cáliz del dolor.
LUZ AMPARO:
¡Ay, ay...! ¡Qué amargo
está!, ¡ay, qué amargo! ¡Ay, ay...!
LA VIRGEN:
Esta amargura siente mi
Corazón por todos mis hijos, por todos, sin distinción de razas, hijos
míos.
Levantad todos los
objetos, hijos míos; todos serán bendecidos...
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
Adiós, hijos míos.
¡Adiós!