MENSAJE DEL DÍA 1 DE JUNIO DE 1985, PRIMER SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN:
Hija mía, reza y haz rezar. Esta recomendación, hija mía, es muy importante, de que reces y hagas a los seres humanos rezar. La Humanidad, hija mía, ha perdido la fe. Refugiaos en mi protección, que yo os protegeré.
Seréis protegidos, hijos míos, por mi Inmaculado Corazón. Yo soy Madre de la Gracia, del Amor y de la Misericordia. Id a mi Corazón, que Él os refugiará, hijos míos.
La justicia de Dios Padre gravita sobre la Tierra, hijos míos. Los hombres serán lavados de su propio pecado y en su propia sangre. Han abandonado los hombres, como en tiempos del Diluvio, el camino del Cielo y han introducido en sus corazones el espíritu de Satán, hijos míos. ¡La Justicia de Dios Padre gravita sobre la Tierra!
Los hombres, con sus crímenes atroces, con sus pecados de impureza, son lavados, hijos míos, de su propio pecado con su propia sangre. Por eso la Justicia de Dios permite, hijos míos, crímenes atroces, grandes tempestades, grandes terremotos, grandes catástrofes sobre la Tierra, porque el pecado de los hombres ha traspasado la bóveda del cielo. Por eso os pido, hijos míos, sacrificio y penitencia. El sacrificio y la penitencia podrá salvar a muchas almas.
Tú, hija mía: te pido humildad para poder... (Palabras en idioma desconocido).
Tienes que predicar,
como te he dicho muchas veces, con tu ejemplo, hija mía, y con tu humildad. No
te abandones en la
oración, hija mía; haz mucho sacrificio, que el mundo está necesitado, ¡muy
necesitado!
Estáis, hijos míos,
casi viviendo el fin de los tiempos. Por eso, hija mía, mi recomendación es muy
importante: reza y haz que recen el santo Rosario, hija mía. El santo Rosario
puede evitar una gran guerra, una gran catástrofe y un gran crimen, hija mía.
Todo lo puede evitar la oración, el sacrificio y la
penitencia.
Los seres humanos: su
mente la invierten sólo en el pecado, hija mía, y en construir armas mortíferas
para destruir la mayor parte de la Humanidad.
También te pido: reza mucho, hija mía, por mi
amado hijo el Vicario de Cristo, ¡mi Corazón le ama tanto!, pero está en un gran
peligro, hija mía; reza mucho por él.
Besa el suelo, hija
mía, en acto de humildad... Este acto de humildad, hija mía, sirve para
la salvación de las almas. Sé muy humilde, hija mía, y muy obediente; la
obediencia es una virtud también, hija mía.
Ya sé que sufres; pero
hay que ofrecer ese sufrimiento y ese dolor por la salvación de las
almas.
Rezad, hijos míos. No
os acostéis ni un solo día sin rezar el santo Rosario. Rezadle a vuestra Madre
Pura e Inmaculada esa plegaria que le agrada tanto. ¡Me agrada tanto esta
plegaria, hijos míos! Os lo pido, hijos míos, rezádmela, que vuestra Madre os
protegerá.
Sed firmes, hijos míos,
y seguid por todos los rincones de la Tierra llevando mis mensajes. Vuestra
Madre os premiará, hijos míos.
Amadme mucho, hijos
míos, amad mucho a vuestro Jesús; no quedaréis sin recompensa. Vuestro Jesús os
dará ciento por uno.
Y tú, hija mía, hazte
muy pequeña, muy pequeña, para que luego puedas subir muy
alto.
Me agrada mucho tu
obediencia, hija mía. Ofrécelo todo por la salvación de las almas, por mis almas
consagradas, que mi Corazón también las ama
mucho.
Sacrificio, hijos míos, sacrificio y
oración.
Voy a daros mi santa
bendición. Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y
con el Espíritu Santo.
Os voy a dar todas mis
gracias, hijos míos, porque mi Corazón está deseando de derramarlas. Levantad
todos los objetos; todos serán bendecidos...
Adiós, hijos míos. ¡Adiós!