MENSAJE DEL DÍA 8 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LUZ AMPARO:

     (Una vez que parece entrar en éxtasis, recita pausadamente el Rosario hasta que entabla el siguiente diálogo con la Virgen).

     ¡Ay!, te gusta la “Santa María”, la “Dios te salve, María”... (Sigue rezando).

     Por cada misterio se besará el suelo. ¡Ay, qué alegría! ¡Ay!, voy a pedirte por toda la gente. ¡Ah!, ¿no se dice “gente”? ¿Cómo se dice?

 

     LA VIRGEN:

     Por todos los humanos.

 

     LUZ AMPARO:

     Pues, por todos los humanos. Voy a pedirte, que ya falta poquito, ¿eh?, para que los perdones. ¿Los vas a perdonar a todos? ¡Ay!, yo te lo digo, pero no se entera ninguno. Si Tú lo dices..., pero yo no lo diré a nadie... Bueno, si los perdonas, pero que ellos se conviertan, porque no los vas a perdonar y van a seguir pecando. Si los perdonas, es para seguir a Cristo, ¿eh? ¡Ay!, si eres tan grande, Madre mía, ponles el sello a los que no se lo has puesto, porque si corre prisa que estén sellados, aunque no crean, luego Tú les das una luz para que crean, ¿eh? ¡Ay! ¡Ay!, te pido por ellos. ¡Ay, ay!, ¿ése es el sello? ¿Ya me vas a sellar?...

     ¡Ay, qué grande eres! ¡Ay, qué grande, Madre mía! Y que se rían de Ti... con todas las gracias que estás dando. Yo quisiera que todos se convirtieran..., y que no se rieran de Ti. ¡Ay!, pero muchos, muchos no quieren, ¿eh? ¡Ay! A mí me da mucha pena de sus almas. ¡Ay...!

 

     LA VIRGEN:

     Porque muchos de los humanos son crueles y desprecian la gracia divina de Cristo.

 

     LUZ AMPARO:

     Pero, ayúdales Tú, que Tú puedes. Yo te lo he pedido tantas veces. Y te pido por toda mi casa también, por todos mis hijos... Por todos. ¡Ay, Madre!, hasta por el pequeño también, ¿sabes? Porque ¡qué alegría!, tener un cristiano más entre toda la Humanidad. Porque te prometo que se lo dejaré dicho a mis hijos: que lo críen en el santo temor de Dios, si yo no vivo. Pero lo diré que se lo críen, y que crean en Ti y en tu Hijo. Y si Tú me llevas antes, yo, ¿me dejarás que pida por ellos, verdad? Por todos. Porque hay uno que no quiere. El pequeño es el que no quiere saber... Yo te ofrezco mi vida por él. ¡Concédemelo, Madre mía! Y que se convierta. Si es bueno, ¿sabes?, pero no quiere saber nada de Ti... Y es muy bueno. Lo pido, Madre mía, por mis hijos, por todos, ¿eh? Y si me llevas antes, permíteme que ruegue por ellos donde esté; pero me tienes que llevar a un sitio bueno, ¿eh? Porque como dices que todavía no sé si estoy salvada; llévame donde pueda pedir por ellos. ¡Por todos! ¡Por todos los de mi casa!, pero te pido más por ése, ¿eh? Tú ya sabes los años que tiene, ¿no? Y sabes también el que es: Jesús, ¿eh?; como tu Hijo, ¿sabes? Se llama como tu Hijo, pero no se parece en nada. Yo te doy la vida para que Tú lo conviertas. Yo no quiero que se condene. Tú, que eres Madre, lo sabes, Madre mía; Tú lo sabes, que eres Madre de Cristo y sufriste mucho también por Él; no porque fuese malo pero, ¡cuánto sufriste por tu Hijo! Pues yo soy madre y te lo pido. Haz lo que quieras conmigo, pero a él conviértele. Llévame cuanto antes; si quieres mi vida a cambio de la de él. Pero de lo de... (palabras ininteligibles) de la conversión de él. ¡Madre mía, te lo pido! Yo ya sé que soy muy pecadora; pero quiero darte mi vida por la de mi hijo. Concédeme lo que te pido, Madre. Yo no quiero que se condene.

     Yo, cuando quieras, estoy dispuesta, ¿eh?, a que me lleves. Y si desde arriba o donde me lleves, puedo pedir por él... Lo dejo en tus manos, Madre mía; y Tú, que eres Madre, concédemelo también a mí.

     Te tenía que pedir tantas cosas, ¡Madre mía! Pero ya te las diré a Ti a solas, cuando no estén ésos ahí, ¿eh?

 

     LA VIRGEN:

     Éstos son espíritus celestes.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ah!, entonces puedes Tú... Hazlo delante de ellos. No te pido me lo prometas, porque soy muy soberbia. Sí te pido que me prometas que me llevas a cambio de la conversión de mi hijo. Prométemelo. Delante de los ángeles, también te lo pido. Ellos no sé si podrán hacer algo, pero se lo pido a ellos también, para que pidan a tu Hijo.

     Aquí, aquí se está muy bien aquí, ¿sabes? No creas que es porque se está bien por lo que quiero que me cambies la vida por la conversión de mi hijo; no es por eso; es porque quiero que sea bueno... Todos son buenos, ¿sabes? Pero ese pobrecito... El enemigo es tan malo... Se está aprovechando de él para hacerme a mí sufrir. Y Tú no sabes cómo sufro. Tú sufriste por tu Hijo; pero yo estoy sufriendo mucho. Si me lo dejas para sufrir, que se haga tu voluntad; pero que no quiero que se condene, ¿eh? ¡Ay, ay, Madre mía!, perdóname por ser tan egoísta como soy. ¡Qué soberbia soy! Pero Tú dices que, cuando una madre es buena, cuando ve a su hijo en el precipicio, que le avisa para que no caiga; pues yo te pido por él: Madre, que no caiga por el precipicio. Te lo digo otra vez: te cambio mi vida por su conversión. Cuando quieras, te espero, ¡Madre mía!, para que hagas el cambio.

 

     LA VIRGEN:

     Pide eso a santa Mónica. ¡Lo que sufrió por su hijo! Y es el gran santo que hay en el Cielo. ¡Un gran santo, hija mía!

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay!, pero yo no soy santa Mónica.

 

     LA VIRGEN:

     Sus ojos se hundieron de tanto llorar por su hijo.

 

     LUZ AMPARO:

     Yo también lloro mucho por él; pero ¡nada!; aunque lloro, no me hace caso. ¡Quítale esas amistades, Madre mía! Yo te pido por los otros, también; pero yo no quiero que se junte con ellos. Y te pido por ellos, ¡pobrecitos! ¡Madre mía, qué grande eres! ¡Ay! ¿Cuándo podré yo conseguir estar aquí?

 

     LA VIRGEN:

     Te he dicho que tu camino es muy corto, pero tu trayecto está lleno de abrojos y de espinas.

 

     LUZ AMPARO:

     Bueno, pero si me ayudas... Es por él. Llévame deprisa, ¿eh? ¡Ay, Madre, ayyy! ¡Cuánto te quiero, Madre mía! Y a tu Hijo también. ¡Ay!, os he conocido muy tarde, pero os quiero ¡tanto!...

 

     LA VIRGEN:

     Nosotros también te queremos, hija mía. Refúgiate sobre nuestros Corazones, cuando esa tristeza te invada; porque nosotros no te vamos a fallar, hija mía. Todos los seres humanos fallan; pero nosotros nunca fallaremos.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, ay!, pues yo no quiero fallarte a Ti tampoco. Ayúdame. Y además también te digo que ¿por qué vienes tantas veces y bajas abajo? ¿Por qué?

 

     LA VIRGEN:

     Porque quiero salvar a las almas, hija mía; pero las almas no quieren salvarse.

 

     LUZ AMPARO:

     Bueno, pues entre Tú y yo, y tu Hijo, las vamos a salvar, ¿verdad que sí? Muchas vamos a salvar. Dame más, más sacrificio, y te prometo que te ayudaré a salvarlas; aunque muchas se creen que no existís; pero Tú tienes que ayudarles.

     ¡Ay!, Madre mía. ¡Ay!, mi corazón... ¡Ah!, lo que siente. ¡Ay!, dame que bese tu pie; sólo el dedo... ¡Ay! ¡Ay, Madre mía! ¡Ayyy! ¡Ay! Has sellado a todos, ¿verdad? ¡Ay!, gracias; ¡ay!, gracias, Madre mía. No sabes cuánto te quiero. A mí me mandas para abajo. ¡Ay!, allí sí hay, no hay más que sufrimiento. ¡Ay!, Tú no sabes lo que hay allí abajo.

 

     LA VIRGEN:

     La santificación, hija mía. Se santifica entre los humanos.

 

     LUZ AMPARO:

     Bueno, lo que Tú quieras. ¡Ay! ¡Ay!, Madre. ¡Ay! Bueno, ¿hoy Tú vas a bendecirnos? ¡Ay!, qué pronto has venido. ¡Ay...! ¡Ay, Madre!

 

     LA VIRGEN:

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

     Adiós, hijos míos. ¡Adiós!