MENSAJE DEL DÍA 14 DE JUNIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, es una fecha muy importante para olvidarla. No quiero que olvidéis esta fecha tan importante. En esta misma fecha hice mi presencia en este lugar y te pedí, hija mía, que viniesen de todas las partes del mundo a rezar el santo Rosario, y que todo aquél que viniese a este lugar, sería bendecido con una cruz; también sería marcado en la frente; muchos de ellos serían marcados, pero otros serían bendecidos.

     También pedí que en este lugar hiciesen una capilla en honor a mi nombre, y que se viniese de todos los lugares del mundo a meditar la Pasión de Cristo. Está olvidada, hija mía. No quiero que os olvidéis de esta fecha tan importante. Os pido, hijos míos, sacrificio y oración para poder salvar vuestras almas.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, qué alegría! ¡Ay...! No he olvidado esta fecha; sé que es una fecha muy importante. ¡Ay!

 

     LA VIRGEN:

     Sí, hija mía. Seguid rezando el santo Rosario, no seáis cobardes y no os dejéis engañar por la astucia del enemigo. Llegará un momento en que lleguen a prohibir rezar el santo Rosario, pero yo he dicho en otras ocasiones que, si no me manifiesto dentro, me manifestaré fuera, hijos míos; pero sed fuertes y no dejéis de frecuentar este lugar.

 

     LUZ AMPARO:

     (Sollozando). Madre mía, yo vendré aquí, no quiero que lo quiten.

 

     LA VIRGEN:

     Tú tienes que ser obediente, hija mía, y tú debes obediencia, pero que nadie, ¡nadie!, deje de venir a rezar el santo Rosario.

     Ya te he dicho que están empezando grandes pruebas, y ahora empiezan, hija mía. Con humildad y también con sacrificio, hija mía, se alcanzará todo. Yo pondré también mis manos en esa Obra, en esta Obra de mi parte.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo... En reparación de todos los pecados del mundo, hija mía.

     Piensa que el enemigo quiere destruir mi Obra y en otros lugares ha sido destruida, hija mía, han hecho desaparecer mi nombre.

 

     LUZ AMPARO:

     No quiero, pero ayúdanos Tú, ¡ayúdanos! Aunque me lo prohiban a mí, yo no vengo, pero que vengan los demás.

 

     LA VIRGEN:

     Ahora vienen las pruebas duras, hija mía.

 

     LUZ AMPARO:

     Madre mía, ayúdanos Tú.

 

     LA VIRGEN:

     Te dije, hija mía, que fueses directamente al Obispo.

 

     LUZ AMPARO:

     ¿Cómo voy a ir, si no puedo? Yo no puedo ir.

 

     LA VIRGEN:

     Porque el Obispo, hija mía, es una buena alma consagrada.

 

     LUZ AMPARO:

     No puedo, hay otros delante. Ayúdanos Tú; si nos ayudas Tú iremos a todos los sitios; no puedo sola. A mí no me importa sufrir, pero es que yo no puedo hacerlo sola. Ya sé que hace mucho tiempo que lo has pedido, pero, ¿qué hago yo?, no puedo nada más que rezar y rezar; Tú tienes que poner lo demás. Ayúdanos, Madre mía, ayúdanos, y nosotros también te corresponderemos.

     ¿No puedes quedarte ahí? Yo quiero que me lleves de aquí, ¡yo quiero que me lleves de aquí, porque no puedo estar sola más! En las moradas ¡se está tan bien! ¡No puedo más!

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, hija mía, el tiempo se aproxima, y tu tiempo también se aproxima.

 

     LUZ AMPARO:

     Pero, ¿cuándo?, ¿cuándo?, porque yo no puedo más. Yo me encuentro mal; yo quiero ser fuerte, y te ayudaré, pero Tú también ayúdanos a nosotros, porque nosotros no podemos hacer nada sin Ti.

     ¡No nos des esta prueba!, porque ¡vaya prueba! ¡Ay, Madre! Se ve no sé qué, ¡se está tan bien aquí!; pero, ¿es que no puede ser dejarme aquí para siempre? Yo no quiero volver a ese sitio más, ¡ayúdame! ¡No me vuelvas otra vez a ese sitio!... No, no quiero ser soberbia; pero es que Tú no sabes lo que es estar ahí abajo.

 

     LA VIRGEN:

     Ya te dije, hija mía, que vendrían las persecuciones, y a los discípulos de Cristo los perseguían por hablar de Cristo, y a Cristo le calumniaban, le llamaban “el vagabundo”, “el endemoniado”. No seas soberbia, hija mía, porque no es más el discípulo que su Maestro.

 

     LUZ AMPARO:

     Yo no quiero ser más que el Señor, pero el Señor es que era Hijo de Dios y yo, ¿de quién soy hija? Yo soy hija de una persona humana.

 

     LA VIRGEN:

     Él también fue Hijo de un ser humano.

 

     LUZ AMPARO:

     Sí, pero Él tenía a Dios y yo, ¿a quién tengo, eh? Yo estoy sola.

 

     LA VIRGEN:

     Ya te he dicho muchas veces que si está Dios contigo, ¿a quién puedes temer?

 

     LUZ AMPARO:

     Sí, claro, pero ahí abajo... Tú no sabes lo que hay abajo. Bueno, yo te pido perdón por si he sido soberbia, pero es que yo no puedo mucho, no puedo más. Yo sé que soy soberbia y que soy mala, pero yo no quiero bajar ahí abajo más.

 

     LA VIRGEN:

     Tu misión no está cumplida, hija mía.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay!, pues, ¿hasta cuándo?

 

     LA VIRGEN:

     Porque todavía no estás terminada de pulir.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay!, pues ¡ya está bien!, ¿hasta cuándo voy a estar así? Bueno, Madre mía, Tú que eres tan buena, ayúdanos a hacer todas las cosas que quieres, porque sin tu ayuda no podemos hacer nada. Ayúdanos.

     ¡Ay, qué guapa eres! ¿Nos vas a bendecir, eh?

 

     LA VIRGEN:

     Es una fecha muy importante para que os olvidéis de Dios.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, qué alegría!

 

     LA VIRGEN:

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, bendícenos los objetos! ¡Ay!, pero hazlo, porque es un día muy importante. ¿Vas a bendecirlos todos? ¡Anda, hazlo!, porque sirven para salvar muchas almas; ya sabes Tú que se han salvado muchas almas con estos objetos. ¡Anda, bendícelos!

 

     LA VIRGEN:

     También voy a concederte esta gracia, hija mía. Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos... Todos han sido bendecidos con gracias especiales, hijos míos.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay! ¡Ay, qué maravilla! ¡Ay, qué grande! ¡Ay! ¡Ay! ¡Venga! Todos lo verán; pero, ¡qué pocos creerán!

 

     LA VIRGEN:

     Adiós, hijos míos. ¡Adiós!