MENSAJE DEL DÍA 4 DE JUNIO DE 1983, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     (Es la primera ocasión en que Luz Amparo acude al rezo del Rosario tras su convalecencia por la paliza y vejaciones a que fue sometida el 26 de mayo de este mismo año).

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, hija mía, el Reinado de mi Hijo está próximo, hija mía. La prueba ha sido larga y dura, hija mía, pero piensa que Dios Padre te ha escogido como instrumento para la salvación de las almas. No creas, hija mía, que Dios Padre es tirano, hija mía; es todo misericordia y amor, pero ha querido pulir tu cuerpo para darte la llave de la morada que te corresponde y, al mismo tiempo, hija mía, ha querido que seas víctima para la salvación de los hombres.

     Sí, hija mía, te has ofrecido como crucifijo en reparación de todos los pecadores, pero piensa también, hija mía, que Dios Padre ha permitido esta prueba, para que participes de toda la Pasión de mi Hijo.

     Sí, es triste, hija mía, pero pide por tus enemigos, pide por esas almas; están apagadas, hija mía, y el demonio se vale de ellos para destruir las cosas de Dios. Tú, hija mía, piensa que te ha escogido mi Hijo, y que no va a pasar más que lo que Él quiera, hija mía. También te digo, hija mía, que Dios Padre te recompensará ciento por uno, hija mía.

     Mira, hija mía, los hombres no cambian y la misericordia de Dios se está acabando. Sí, tienes que ofrecerte y coger la cruz para la salvación de los pobres pecadores, hija mía. Mira, cada día, los humanos me hacen sufrir más, hija mía. Mira mi Corazón, mira, está transido de dolor por todos mis hijos, por mis almas consagradas, ¡me dan tanta pena, hija mía! Tú ayuda a salvar almas; mi Hijo te ha dado gancho para salvar almas; por eso el enemigo te quiere destruir, hija mía.

     Sed fuertes; seguid adelante con la cruz. ¿De qué le vale al hombre tener todas las riquezas del mundo, si luego va a perder su alma, hija mía? Sé como el Cirineo, ayuda a mi Hijo a llevar esa cruz.

     Mira, mira, hija mía, cómo sangra mi Corazón... (Luz Amparo llora desconsoladamente ante esta visión). Este dolor me lo causan los pecadores, hija mía. Sólo quita una espina... No toques más, no toques más, hija mía, están todas sin purificar. Parte de ellas son mis almas consagradas.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo... Este acto de humildad, hija mía, sirve en reparación por todos los pecados de los hombres. Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos. El Reinado de Cristo se aproxima. Ayudad a mi Hijo a llevar la Cruz, hijos míos. Todos aquéllos que no os hayáis acercado al sacramento de la Confesión y después al de la Eucaristía, hacedlo hoy mismo, que puede llegar la muerte como el ladrón, sin avisar, en cualquier momento, hijos míos. Pensad en que tenéis un alma, no penséis en los milagros del cuerpo, lo más importante son los milagros del alma, hijos míos.

     No os riáis, ¡cuántos en este momento os estáis burlando de mis mensajes! ¡Pobres almas!, ¡me dan tanta pena, hija mía!

     Sacrificios, sacrificios y oración para llegar al Cielo es necesario, hijos míos. Haced sacrificios por los pecadores. ¡Tantas almas se condenan porque nadie, nadie ha pedido por ellos, hijos míos!

     Sed humildes, hijos míos, la humildad es la base principal para llegar al Cielo.

     También no penséis que busca mi Hijo a todos los justos; busca a los pecadores y se vale de ellos para convertir a las almas, hija mía; se vale de almas pequeñas e incultas para confundir a los grandes y poderosos.

     Tú, hija mía, sigue con la cruz, sigue a mi Hijo, no te acobardes; piensa que si te ha escogido mi Hijo, no va a pasar más de lo que Él permita, hija mía.

     Escribe otro nombre en el Libro de la Vida; también este nombre escógelo tú, hija mía... ¿Ves, hija mía, cómo Dios Padre da la recompensa al sufrimiento?

     Sí, hijos míos, haced sacrificios, pedid por las almas consagradas, ¡las amo tanto!, y qué mal me corresponden.

     Os bendigo como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

     Adiós, hijos míos. Adiós.