MENSAJE DEL DÍA 21 DE NOVIEMBRE DE 1982, SOLEMNIDAD DE CRISTO REY,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Sí, hijos míos, hija mía, soy la Madre de los Dolores, hija mía. Os traigo la luz, el amor y la paz, hijos míos. Quiero que pidáis por la salvación de todo el mundo, hijos míos. La copa, hijos míos, de la misericordia está llena, hijos míos; la de la justicia va a llegar de un momento a otro; haced oración, haced penitencia, hijos míos. Está a punto que el Hijo de Dios, Cristo, Rey de reyes, vendrá con sus ángeles en una nube con su gran poder y gran majestad. Haced penitencia por los que no la hacen, rezad por los que no rezan. Hijos míos, la justicia del Padre está a punto de hacer justicia por toda la Humanidad.

     Rezad el santo Rosario; con el santo Rosario se puede salvar la mayor parte de la Humanidad. Y tú, hija mía, apura el cáliz del dolor por la salvación de las almas, hija mía. Pedid por las almas consagradas; el enemigo se está apoderando de muchos de esos hijos, hija mía; oración y penitencia. Hija mía, bebe del cáliz del dolor... Hija mía, sientes amargura, hija mía... Esa amargura, hija mía, la siente mi Corazón por todos mis hijos, hija mía; no quiero que se condenen, quiero salvar por lo menos la tercera parte de la Humanidad. Mira, hija mía, qué dolor siento tan profundo. Mi Corazón está transido de dolor, hija mía; mira cómo sangra. Quita dos espinas, dos nada más... No toques más, hija mía... Éstas son las almas, hija mía... Estas almas son las que no cumplen, mis almas consagradas.

     Escribe un nombre, hija mía... Besa el Libro, hija mía, el Libro de la Vida... Este nombre, hija mía, no se borrará jamás...

     Besa el suelo, hija mía... Por mis almas consagradas, hija mía. Levántate, hija mía. Arrodíllate, hija mía; es un acto de humildad para la salvación de toda la Humanidad. Besad el suelo, hijos míos... Por la conversión de todos los pecadores, por la conversión de Rusia, hija mía; pedid, hija mía, que Rusia se convierta; Rusia será el azote de la Humanidad, hija mía.

     Oración pido, oración y penitencia, hija mía. Al fin, hija mía, ¡pobres hijos míos!, el que no consiga llegar a la vida eterna, hijos míos, mira lo que les espera... (Luz Amparo gime impresionada). Esto, hija mía, es para toda, toda la eternidad, este sufrimiento.

     Por eso, hija mía, siento tanta pena. Pedid, hijos míos, por los pobres pecadores, hijos míos. Y tú, hija mía, sé humilde.

     Os doy la santa bendición: en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.