MENSAJE DEL DÍA 2 DE ABRIL DE 1982 (1)

 

     EL SEÑOR:

     Sí, hija mía, di a toda la Humanidad que la misericordia del Padre Eterno se está acabando y su ira está a punto de caer sobre la Tierra, que enmienden sus vidas, que vistan con pudor sus cuerpos; que no cometan tantos pecados de impureza; que dejen de ofender a Dios, que han de confesar sus culpas antes de recibir mi Cuerpo, que dejen de cometer sacrilegios. Me agradaría que me recibieran de rodillas y con amor; que, a ser posible, no toquen mi Cuerpo manos que no estén consagradas. Dichosos todos los que cumplan esto, hija, porque a medida del amor que recibo así recibirán su premio.

     Sé humilde, hija mía, déjate calumniar, déjate humillar; sólo los humildes me agradan. Sigue rezando el santo Rosario, que agrada tanto a mi Madre; consoladla con su plegaria; y vosotros, hijos míos, id por todo el mundo rezando el santo Rosario y propagando la ley de los santos mandamientos de Dios.

     También fomentad humildad con vuestro ejemplo. Seguiréis teniendo muchas dificultades, pero seguid adelante; se puede ayudar a muchas almas, pues, todo el que cumpla con todas mis palabras, tendrá su recompensa en el Cielo.

     Adiós, hija mía, adiós.



[1] Se desconoce si existe grabación en audio de este mensaje. Cf. o. c., nº 1, pp. 70-71.