MENSAJE DE DÍA 26 DE FEBRERO DE 1982 (1)

 

     EL SEÑOR:

     Sé que sufres, hija mía, pero, por medio de tus dolores y los dolores de otras almas, están volviendo a mi rebaño muchas ovejas perdidas. ¡Es tanto el amor que siento por todas las almas que están en pecado, me dan tanta pena, que las busco y corro detrás de ellas para que me encuentren y perdonarlas!; pero no quieren ver, no quieren apartarse del pecado, buscan los placeres de la vida. ¡Pobres almas, qué pena me dan!

     También hay muchas almas que siguen a medias, se comprometen a ayudarme a llevar la Cruz; se comprometen, pero cuando pesa un poco la tiran, la pisan y gritan: “¡Quiero ser libre, fuera la cruz, quiero gozar!”. Estas almas son mis almas consagradas; por gozar un segundo se condenan por una eternidad.

     Tú, hija mía, no te descuides en tus oraciones; abandónate en nuestros Corazones, en el de mi Madre purísima y en el mío. Piensa que el mundo pasa; pero la Gloria es eterna. Sufre, déjate humillar, déjate calumniar, ofrécelo por la salvación de esas pobres almas que pierden el tiempo de esa manera; ¡están tan necesitadas de oración! Sé fuerte, hija mía, no tengas miedo de nada; sé que has sido una miserable pecadora, pero yo te he escogido a ti, no has sido tú a mí. Por eso yo te ayudaré. Piensa que siempre busco a los pecadores, son los que necesitan ayuda. Sé humilde, hija mía, y ora mucho para no caer en la tentación.

     Adiós, te bendigo en el nombre del Padre Eterno, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, te repito, como he repetido a otras almas muchas veces: sé humilde y sigue el camino que mi Hijo te ha marcado. Todos los que siguen el camino hacia la luz tienen que cargar con la cruz y seguir el camino del sufrimiento. Pero los humanos no piensan nada más que en divertirse y en cometer pecados. Diles a todos que, como no cambien y pidan perdón de sus pecados y se arrepientan, el Castigo está muy cerca; que el toque de las trompetas va a sonar muy pronto y, en ese momento, la Tierra temblará y el Sol girará sobre sí con grandes explosiones, y la Luna se oscurecerá, y en todo el planeta Tierra se verán muchos fenómenos. Un astro iluminará la Tierra. Parecerá que está envuelta en llamas, durará veinte minutos; el pánico cundirá por todas partes. Todos los que crean en Dios y la santísima Virgen quedarán como en éxtasis durante esos veinte minutos. Esto está muy próximo, hija mía.

     Di a todos aquéllos que están publicando doctrinas falsas que no entrarán en el Reino de Dios; que se arrepientan y dejen de publicar esas doctrinas; que se sometan a la ley de los Evangelios de mi Hijo, que es la que ha dado la Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Porque fuera de la Iglesia de Cristo no hay salvación.

     Adiós, hija mía, sé humilde, pide consejo a tu padre espiritual; di que sigan haciendo apostolado, que estoy muy contenta con esa gran obra que están haciendo con mi plegaria favorita: mi santo Rosario; me agrada tanto...

     Adiós, te doy mi santa bendición.



[1] Se desconoce si existe grabación en audio de este mensaje. Cf. o. c., nº 1, pp. 60-62.