"Yo prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros sábados de mes,
asistirle en la hora de la muerte.
"
(El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82)

"Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y en la muerte."
(El Escorial. El Señor, 1-1-2000)

Mensaje del día 6 de Abril del 2002, primer sábado de mes,
en Prado Nuevo de El Escorial. (Madrid)

LA VIRGEN:
Hija mía, aquí está mi Corazón, lleno de dolor, porque los hombres no escuchan, la mayoría de ellos, mis palabras. ¡Ay, almas ingratas, si supiérais lo mal que está el mundo, hijos míos, lavaríais vuestros ojos y vuestros oídos, para quitaros esa viga que tenéis en ellos y escuchar las palabras del Cielo. Os pido, hijos míos: renovad vuestro espíritu; no seáis ciegos, sólo se puede quitar esa ceguera con la entrega a Dios, con la oración y con el sacrificio. Por eso hago un llamamiento a los hombres de buena voluntad y a todos los guías de los pueblos, ciegos, que no quieren escuchar nuestras palabras. Haced un llamamiento a los hombres, guías de los pueblos, quitaos la viga que tenéis en vuestros ojos y ved la situación de las almas. Respetad las cosas sagradas, hijos míos, y obedeced al Santo Padre; copiad de él que es un santo varón, mártir por la Humanidad; quitaos esa ceguera que tenéis, para poder conducir a las almas, hijos míos; enseñad a los hombres las verdades; pagaréis por vuestras culpas y por las culpas de los hombres, porque no habéis enseñando las verdades escritas en el Evangelio. ¿Desde cuándo está el mundo así, hijos míos? .Desde que los hombres han olvidado a Dios; desde que mis sacerdotes queridos se han abandonado en la oración y en la entrega a su ministerio. Por eso pido, hijos míos, os suplico: orad y haced que los hombres oren; enseñadles el valor del sacrificio y de la penitencia; enseñadles a que se acerquen a la Eucaristía con el alma limpia. Estad en los confesionarios, hijos míos, para que las almas se acerquen a descargar sus culpas.

Mira, hija mía, la situación del mundo. Mira los espíritus infernales, cómo quieren hacer desaparecer varias naciones, pueblos enteros. Harán perecer a las almas, para apoderarse de ellas. ¡Y todavía los hombres dicen que el mensaje es catastrófico! ¿No sabéis leer la Biblia, hijos míos? ¿Tampoco creéis en la Palabra de Dios? En la Biblia hay muchas catástrofes, ¿también se lo inventan los hombres? ¿O qué pensáis de Dios, hijos míos? ¿Creéis en Él o no creéis?. ¡Cómo se nota, hijos míos, que leéis poco el Evangelio! Y si lo leéis, no reflexionáis las palabras que hay en el Evangelio. ¿Por qué vosotros os empeñáis en poner un Evangelio nuevo? Los hombres tienen que saber las verdades, y lo vengo repitiendo una, y otra y otra vez. Pero cómo cerráis vuestros oídos, sólo con la gracia se os pueden abrir los oídos, hijos míos. Ya he dicho todo; sólo os pido, hijos míos, que lo cumpláis.

EL SEÑOR:
Sacerdotes, volved a vuestro ministerio, entregaos en cuerpo y alma a las almas; religiosos y religiosas, adorad a vuestro Dios, no os deslumbréis, muchas de vosotras, por el mundo. Habéis cambiado las normas, salís al mundo y entráis libremente, y todo el que sale al mundo, se contagia de él; así es como las vacaciones os hacen perder vuestra vocación, hijos míos; por eso os pido a todos que renovéis vuestro espíritu y os entreguéis a Dios. Dejad el bullicio del mundo, que en el mundo está reinando Satán. Os habéis marchitado, hijas mías, flores lozanas había en los conventos, pero el demonio astuto se ha encargado de destruir esas almas. Yo os di libertad, hijos míos, pero no libertinaje, y nada véis pecado, por eso hay tan poquitas almas que quieren seguir el verdadero camino, porque el demonio los arrastra al mundo, a las vanidades y a los placeres vanos que hay en él. Por eso hago un llamamiento también a esas almas consagradas: que dejen el mundo y la libertad, y las vacaciones, que son la perdición de sus almas. Si os habéis consagrado a Dios, hijas mías, ¿quién como Dios? No os aburráis en vuestros conventos, si está el tesoro más grande, y habéis escogido el esposo más fiel, dentro de vuestro convento. Dedicaos a la oración, hijas mías, y poneos al servicio de Dios, ahí está la verdadera felicidad.

También hago un llamamiento a los matrimonios: ¡ay madres, que permitís que vuestros hijos vayan por el camino de la perdición, ¿qué amor es ese, hijas mías? sólo buscáis el gozo del tiempo, pero no pensáis en la eternidad. Padres, educad a vuestros hijos, para Dios. ¿Sabéis por qué en los hogares no hay paz? Porque los hombres aman antes el mundo que Dios, por eso no hay respeto unos hacia otros, y no buscan el camino de la salvación, buscan el camino de la perdición, porque se han faltado el respeto, la dignidad y han echado a Dios de sus hogares; porque donde triunfa el pecado, no puede triunfar Dios. ¡Seréis responsables, Padres de los devaneos de vuestros hijos, porque sólo os preocupáis de lo material, sin enseñarles a compartir con los que lo necesitan. Vosotros mismos sois los que les dáis para disfrutar del mundo. No saben, por eso, hijos míos, lo que es sacrificarse, para tener un hogar, porque todo se lo dáis fácil. ¡Qué pena de padres, hijos míos! por eso también hago un llamamiento a los padres: donde no está Dios, no reina la paz; todo es discordia, todo es ruina, y todo es destrucción, y cada uno vive a su antojo, ¿Dónde está el respeto a los padres, los hijos? ¿Y dónde está la educación de los padres a los hijos? Si sólo pensáis darles material, que lo material los introduce en el mundo y lo ven todo fácil porque vosotros se lo ponéis todo fácil, hijos míos. Por eso no saben valorar el trabajo de cada día: "Comerás el pan con el sudor de tu frente". ¡Ay, hijos míos, qué hacéis con vuestros hijos!

Laicos, hago un llamamiento sobre vosotros: vosotros tenéis que hacer una renovación, porque seréis los que fortaleceréis la Iglesia con vuestra ayuda. Por eso pido, hijos míos: adquirid virtudes, respetaos unos a otros, amaos, con un amor desinteresado, no amores egoístas, amores destructores; un amor límpio y desinteresado. Vivid para Dios, hijos míos, ¿no os dáis cuenta que los hombres, la mayoría de ellos, no viven nada más que para los placeres?. Dios está fuera de sus corazones, y, ¡todavía dicen los hombres que no creen que venga Dios a avisar! os va a pasar, hijos míos, como cuando el Diluvio, como cuando Sodoma y Gomorra; os lo he avisado. Estad preparados, porque Yo aplicaré mi Divina Justicia contra aquellos destructores de los pueblos, y destructores de las almas. Y también pido a mis sacerdotes santos, que no se abandonen y que sigan el camino que han escogido, con sacrificio y oración; y también aquellas almas contemplativas, fieles a su vocación, consuelan tanto nuestros Corazones; almas queridas, no os abandonéis, que el demonio está haciendo estragos en el mundo y quiere apoderarse, siendo el rey de todas las almas. Vosotras, desde vuestros escondites, hacéis tanto bien a las almas, hijas mías; que nadie os confunda, sed fieles a vuestra vocación; ¡cuánto consoláis nuestros Corazones!. Y aquellas almas que se entregan a los pobres y necesitados, recibirán el ciento por uno, por sus buenas obras, y todo el que colabore a ayudar a las almas necesitadas, tendrá un lugar seguro y sellado, que nadie podrá quitar ese sello en la eternidad.

Pido, otra vez, hijos míos: sed respetuosos unos con otros; amaos, no dejéis la oración, enseñad a vuestros hijos el camino verdadero, no los dejéis que se envenenen del veneno que hay en el mundo. Y hago otro llamamiento a los sacerdotes; ellos podrían hacer tanto bien a las almas y recoger a tantos rebaños que están esparcidos perdiéndose en la oscuridad, porque viven en tinieblas y la tiniebla es muerte.

Orad, visitad al "Prisionero", hijos míos, "Prisionero" de amor por los hombres; a veces estoy tan solo, que ni mis propias almas se acuerdan de estar un ratito ante mí. ¿No os da pena de vuestro Jesús, hijos míos? Corazones endurecidos, llenos de maldad, muchos de vuestros corazones. ¿Hasta dónde queréis llegar? ¿Cómo vais a amar al prójimo, hijos míos, si no amáis a Dios?. Sí hija mía, sí, que nadie se asuste, pero naciones enteras, estos espíritus inmundos, se han apoderado de ellas, y sólo reina el pecado, y en hogares, en la mayoría de todos los hogares, mira, hija mía, el fruto de Satanás: cómo las madres introducen a sus hijos en el mundo, dándole más valor al libertinaje que a los consejos de Dios. ¡Qué pena de hogares!, Por eso no reina la paz en ellos, porque os creéis, hijos míos, que queréis más a vuestros hijos dándoles ese libertinaje. Si sois madres, ¿Cómo ponéis víboras en las manos de vuestros hijos, para envenenarlos? Uníos los dos, hijos míos, los matrimonios, para ayudar a vuestros hijos, pero con la presencia de Dios; donde no está Dios, no reina la paz. No seáis necios, hijos míos, y no os dediquéis a perder el tiempo, aprovechadlo para vuestra salvación, hijos míos.

LA VIRGEN:
Acudid a este lugar, todos seréis sellados y no dejaré de dar la bendición, aunque no existan mensajes, os sellaré las frentes y seréis bendecidos y protegidos.

EL SEÑOR:
Obedeced, hijos míos, son consejos de vuestra Madre, de una Madre corredentora del género humano, que os ama y desea todo lo mejor para sus hijos.

LA VIRGEN:
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos para el día de las tinieblas, una bendición muy especial, para ese día tenebroso. 
Os bendigo, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

"Haced apostolado por todas las partes del mundo, hijos míos,
extended los mensajes, hijos míos.
¡Cuántos se ríen de mis mensajes!
Llevadlos por todos los rincones de la tierra.
(Stma. Virgen: 1-10-1983)

(EJEMPLAR GRATUITO)

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