MENSAJE DEL DIA 31 DE MAYO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

"Os vuelvo a repetir, hijos míos, el milagro sigue sucediendo en el sol. Los colores siguen tan maravillosos como siempre. Mi imagen está ahí presente, hijos míos, pero de todos aquellos que estáis aquí presentes muchos no lo veréis.

AMPARO:— ¡Ay qué cosa más grande eres! ¿eh?

LA VIRGEN:

Hijos míos, os doy un aviso, como siempre os estoy avisando:

NO OFENDAIS A DIOS PADRE, PORQUE ESTA MUY OFENDIDO. PEDID PERDON DE VUESTROS PECADOS.

Os ruego, hijos míos, que escuchéis mis súplicas, HACED ORACION Y PENITENCIA, HIJOS MIOS; ofrecedlo por la Conversión de Rusia, Rusia está a punto de esparcir sus errores sobre todo el mundo, hijos mios.

HABRA GRANDES GUERRAS, SI VOSOTROS CON VUESTRA ORACION NO LO EVITAIS. SACRIFICIO, HIJOS MIOS, SACRIFICIO Y LA PENITENCIA.

Sí, hija mía, en esta gran guerra se verán cadáveres por todas las partes del mundo, porque Rusia, os he dicho hace muchos años, es el azote de la humanidad.

Estamos, hijos míos, estamos aquí presentes mi Hijo y Yo. Mirad al sol, hijos míos.

Os aviso, hijos míos, porque estáis en un tiempo muy crítico; por eso no deja vuestra Madre de avisaros. Con el sacrificio, hijos míos, podréis salvar a la mayor parte de la humanidad. Todos unidos, hijos míos, podéis hacer tantas cosas y salvar ¡tantas almas!.

Ya te he avisado antes, hija mía, lucharán hermanos contra hermanos, suegra contra nuera y padres contra hijos; y esto está sucediendo, cuando se aproximaba este tiempo, avisé hace muchos años, estad preparados.

Dios Padre quiso engendrar a mi Hijo por obra del Espíritu Santo, y lo hizo Hombre para salvar a la humanidad. Murió en la cruz, para redimir al mundo, pero ¡qué poco caso hacen a mis avisos! ¡Qué ingratos son los humanos!
Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. Por todos los pecados del mundo, hija mía, en reparación de esas ofensas que diariamente cometen hacia mi Corazón, hija mía. Yo te dije que, si vosotros me ayudabais, el mundo estaría salvado, hijos míos. Pero, por lo menos, quiero salvar a la tercera parte de la humanidad.

Cuando llegue este momento, hijos míos, todo aquél que esté en sus casas y en sus campos, de tres será escogido uno; pero si de esos tres están preparados, y están cumpliendo con los Mandamientos de la Ley de Dios, serán esos tres salvados, hijos míos. Uno será tomado y otro será dejado, pero es porque cumplís muy poco con los Mandamientos de la Ley de Dios.

Mira, hija mía, habrá muertes por todos los sitios, y el aire pestilente de esas muertes se fijará por todos los rincones de la tierra. Y estad alerta, hijos míos, porque el anticristo está entre la humanidad, con todos sus secuaces, por eso tenéis que estar atentos, hijos mios, porque quiere apoderarse de vuestras almas. Querrá sellaros, con el número 666. No os dejéis sellar por el enemigo, hijos míos.

AMPARO:

Tú ayúdalos, ayúdalos Tú. Señor, ayúdalos. ¿Está tán pronto todo esto?

EL SEÑOR:

Si los hombres no cambian, está muy próximo, hija mía.

AMPARO: Tú ayúdalos también. Tú Señor, Tú puedes más que tu Madre.

EL SEÑOR: Pero no puedo más que el Padre, hijos míos.

AMPARO: Pero puedes ir al Padre derecho, y pedir que se salven todos.

EL SEÑOR:

Ya te he dicho, hija mía, que ya vine a salvar la humanidad; pero la humanidad está vacía no quiere salvarse.

AMPARO: Sí quieren salvarse muchos, ayúdalos Tú.

EL SEÑOR:

Ya he dicho, hijos míos, os puse a mi Madre por mensajera, para salvar a la humanidad, y ¿qué hacen?, se burlan de mi Madre, hijos míos, se mofan de sus mensajes; ya no puede más su Corazón dolorido, hijos míos.

AMPARO:

Otra vez, otra vez está lleno ¡qué poco le ha durado! ¿Se ha purificado alguna?

LA VIRGEN:

Una gran alegría, hija mía, se han purificado cinco almas. Los sacrificios y la oración tienen mucho poder, hija mía, para purificar a las almas. Quita cinco espinas de mi Corazón.

AMPARO:

¡Ay, pero están muy metidas...! ¡Ay, ay, ay... ay, qué dolor, al estirar, ay, parece se viene el Corazón!

LA VIRGEN:

Sientes dolor, hija mía, pero al mismo tiempo siente alegría porque se están purificando muchas almas. Además, vas a tener el privilegio de escribir cuatro nombres en el libro de la vida.

AMPARO:

¡Ay, qué alegría! ¡Ay, ay, cuántos, ay, pero uno es de los que Tú sabes! ¡Ay! aunque sean uno a uno, pero, que se vayan salvando todos. Y si hago más sacrificio, ¿me haces que apunte dos y dos?

LA VIRGEN:

Ya te he dicho, hija mía, el sacrificio tiene mucho valor; pero, si todos unidos, hijos míos, hicieseis sacrificio y penitencia acompañado de la oración, ¡cuántas almas salvaréis!, pero antes, hijos míos, tenéis que poneros a bien con Dios, confesando vuestras culpas y acercándoos al sacramento de la Eucaristía.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por las almas consagradas... por las almas consagradas, hija mía, ¡las ama tanto mi Corazón, y pobres almas! ¿Cuántas almas consagradas están correspondiendo a este amor que siente mi Corazón? ¡Qué pocas, hija mía!. Pedid por ellos, hijos míos, son débiles, y el enemigo es muy astuto para mostrarles las cosas del mundo, y caen una y otra y otra vez; pero no es que caigan es que no quieren arrepentirse de su pecado.

AMPARO:(llorando) Pido por ellas; pido, pero, si no quieren...

LA VIRGEN:

¡Cuánto me agradaría, hija mía, que se hiciese la CAPILLA en este lugar! y que todos unidos, ¡todos! de todas las partes del mundo, vinieseis a meditar la pasión de Cristo. ¡Cuántas almas podréis salvar hijos míos!

AMPARO:

Pero nosotros no podemos. Díselo Tú, para que podamos hacerlo; que Tú eres Madre, pues hazlo por todos, y, si no nos pones las cosas fáciles, porque cada vez nos estás metiendo en más líos... no salimos de uno y ya estamos en otro...

LA VIRGEN:

¿Que te crees, hija mía, que a esos pastorcillos fue fácil? ¿Y a esa Bernadette fue fácil? No, hija mía, no, costó mucho sacrificio hasta alcanzar lo que Yo pedía.

AMPARO:

Pues entonces no nos digas que vayamos, porque si todavía tenemos que hacer más cosas. ¿Tú quieres que lo hagamos enseguida?

LA VIRGEN:

Enseguida, hija mía, porque el tiempo ha pasado, y los hombres no han cambiado, por eso corre prisa, hija mía. Pero ya te he dicho que no es fácil; es más fácil alcanzar lo malo que lo bueno.

AMPARO:

Claro, porque todo lo malo es bueno para los demás, y lo bueno es malo. Pero Tú
ayúdanos y con tu ayuda podemos conseguirlo todo.

¿Y lo de la cruz de tu Hijo? Ya te he dicho que vaya lío, ¿eh? con esa cruz, porque ya me están diciendo que si es esa cruz... y ya verás Tú lo que va a pasar; así que, además la otra cruz...

LA VIRGEN:

Te voy a enseñar una imagen de Cristo en crucifijo, hija mía.

AMPARO: —Pues si ya lo he visto muchas veces.

LA VIRGEN:

Pero estáte alerta, ¿cómo ves a Cristo? ¿A lo largo y lo ancho, o en forma de

una Y griega?

AMPARO:

¡Ay! yo no sé porque a veces, parece que está abierto los brazos y otras está como los brazos para arriba.

LA VIRGEN: Fíjate en esta imágen.

AMPARO: ¡Ah!, no es una imágen, es que es de verdad, ¡ay!

LA VIRGEN.: ¿Qué forma tiene? Señálala, hija mía.

AMPARO:

Sí, otra vez. ¡Ay Madre mía!, ¡lo que me vas a buscar! La voy a señalar. ¡Ay! Así tiene los brazos, aquí y aquí, y luego para abajo. ¡Ah!, ya decía yo que eso era tan difícil ¡ay,ay Señor, ay! y ¿por qué pusisteis la otra cruz? Pero bueno, menuda me has metido, pues yo sigo con la otra.

Cuando se pase un montón de años que yo no esté, entonces dices que hagan la otra.

LA VIRGEN:

Esa cruz, hija mía, lo tiene mi Hijo dicho: "Lo que atareis en la tierra será atado en el cielo, y lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo". No sólo esto del sacramento del matrimonio, sino para todas las cosas que la Iglesia manda. La Iglesia Católica, Apostólica.

AMPARO:

Pues sí; ¡vaya lío con la Iglesia ahora! Yo no puedo ir a decir que si yo soy de la Iglesia; pero yo, ¿como digo que es esa cruz? Cuándo me lo pregunten, ¿qué digo?

LA VIRGEN:

Tú dices que Cristo murió en la cruz que ves, pero luego sigue las normas de la
Iglesia.

AMPARO:

La de la Iglesia es ésta, ésta, ésta, ésta y ésta ¡Ah!, ¿y la otra, la de tu Hijo?.Puesentonces haré las dos, para que no se enfade ni tu Hijo, ni Tú tampoco, porque si Tú eres Madre de la Iglesia... Pues la Iglesia ¿de quién es? ¡Ah!, la Iglesia de Cristo, claro. ¡Ay Madre, cuántos líos! ¿Eh? ¡Ay! no creas que no es difícil desenredar esto ¿eh?, ¡ay! pero, la Iglesia Católica y Apostólica y ¿qué más?... y Romana. ¿Esa es la verdadera?, y todos los que van a las otras Iglesias ¿qué?

LA VIRGEN.:

Todos son pastores falsos, hija mía, como todos estos que dicen que ven a Cristo o que ven (continúa en idioma celestial).

AMPARO:

Anda pues sí, pues dilo que lo entiendan todos, y aquí ¿hay también? vaya, vaya...

¡Ay, pero yo no dejo de ver lo guapa que estás!

¡Ay, Tú qué guapo estás! Te lo diré siempre, porque aunque pasen los años Tú igual ¿eh? y los demás aquí nos estamos arrugando. ¡Ay Madre mía!

EL SENOR: Un cuerpo glorioso, nunca envejecerá, hija mía.

AMPARO:

Pero bueno, si no hay cuerpo ¿eh? ¿Apropias el cuerpo al alma gloriosa o qué? ¡Anda que yo lo que veo son cuerpos. Tú ¿qué dices a esto? ¡Ay! ¿eh?

EL SEÑOR:

Te hago ver los cuerpos, pero son la luz del alma, lo que ves tú, hija mía.

AMPARO:

Pues vaya, un alma con ojos. ¡Ay! entonces dentro de nosotros ¿tenemos los ojos también?

EL SEÑOR:

Es un modo de ver, hija mía, ya te he dicho, que los misterios del cielo, ningún sabio podrá descubrirlos.

AMPARO:

Bueno, pero descúbremelos a mí ahora ¡Ah! ¿Y Cuándo viene lo último, lo ultimo de todo?

EL SEÑOR: Sólo Dios Padre sabe el castigo final.

AMPARO:

¿Ni Tú tampoco? Pues ¡vaya un Padre, no decírselo a su Hijo! Ni Tú tampoco no sabes nada más que lo que va a pasar ahora, pero lo de lo último ¿no? ¡Ay, pues vaya! ¿Cómo no tiene confianza contigo, si Tú eres el Hijo y el Padre, y si sois iguales, por qué no te lo dice? ¡Ah!, es otro misterio. Pues vaya estáis llenos de misterios.

¡Ay qué cosa más grande, ay lo que se sale! que se me sale una cosa.

EL SEÑOR:

Ya te he dicho que lo estás viendo todo con los ojos del alma.

AMPARO:

Pues por eso te digo que tiene el alma ojos, que todos tenemos ojos en el alma. ¿Sólo en el cielo?, y ¿todos esos que hay ahí? ¡Ay, Dios mío, qué cosa más grande!, pero ¿cómo sabéis hacer todas esas cosas? ¡Ay!

EL SEÑOR:

Dios Padre hizo el mundo y Dios Padre tiene poder para hacerlo todo.

AMPARO:

Ya lo creo que tiene poder, ya lo creo. ¡Ay! si quieres beso cuatro veces el suelo y me dejas aquí. ¡Ay!, seré soberbia pero ¿quién ata esto de estar aquí? ¡Vamos, que... volver otra vez a lo mismo...!

¡Ay, ay Dios mío, ay! yo te digo a Ti, Señor, porque a Dios, es imposible poderle ver el Cuerpo. Ese Cuerpo que vi, ¿de quién era? Claro, pero la cara era el sol. Otro misterio ¡Ay! si quieres vuelvo a besar el suelo otra vez, pero este beso, para que salves muchas almas ¿eh? Lo beso cuatro veces si quieres. ¡Ay déjame que lo bese, ay, ay!

LA VIRGEN:

Sí, besar el suelo, hija mía, es un acto de humildad. Cristo lo besaba, diariamente hija mía, se humillaba, para la salvación de las almas, como se humilló en la cruz.

AMPARO:

¡Ay, pero yo quiero verlo así no con la cruz, ay, quitale la cruz que yo no quiero verlo con esa cruz ahora!

¡Ay! pero si sé que no estáis arriba, ni estáis arriba, ni estáis abajo, entonces ¿dónde estáis? ¡Ay, voy a volverlo a besar! ¡Ay qué feliz soy, ay! ¡ya te digo que soy tan feliz...! Esto parece como cuando estás enferma, y te dan una medicina y te pones buena. Pues así parece como si me hubiérais dado una medicina, pero esa medicina no es de la tierra. ¡Ay, qué difícil es alcanzarla! ¿eh?

¡Ay!, ¿Tú ya no nos dices nada?

¡Ah, bueno!, pues por lo menos bendícenos; pero a ver cómo Tú quieres bendecimos. Primero Tú y luego tu Madre.

EL SEÑOR:

Os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

AMPARO:

¡Ah! ya estamos otra vez ¡ay! pero ¿será posible? Y ahora no sé cuál cruz voy a hacer ¿eh? Bueno, yo haré la que ha dicho Tú Madre, y cuando esté sola hago la tuya; pero las dos valen ¿no?

EL SEÑOR: Claro que valen, hija mía.

AMPARO:

¡Ay! déjame que te toque un poquito, eso que llevas por encima, como la otra vez. ¡Anda déjame! ¡Ay!, no me extraña que se enamoren de Tí ¿eh?, porque cuidado que eres guapo! ¿eh? ¡Ay, yo no he visto un hombre igual!

¡Ay, ay, Madre!, ahora ¿qué nos dices Tú? Venga. ¡Vaya Hijo que tienes! ¿eh? ¡Ay! ninguna madre tiene igual que tu Hijo. Ninguna, ninguna como ese Hijo, ¡ay! de guapo y de todo ¿eh? ¡Qué cara Dios mío! sino podría decir ni como es.

¡Ay, yo no sé lo que veo!, ¡ay! por la espalda no os veo. ¿Qué misterio es ese también?, que os vais para allá y para acá para arriba y para abajo, y la espalda ¿dónde está? Ya no te pregunto más porque dirás que es otro misterio.

LA VIRGEN:

Yo os pido, hijos míos, humildad y sacrificio. Si no sois humildes, no podréis alcanzar el cielo.

Amad a vuestros semejantes, hijos míos, porqué, si no amáis a vuestros semejantes, no amáis a Dios, porque Dios está en cada uno de vuestros semejantes.

AMPARO:

Pues eso digo yo. Pero que de amar, nada ¿eh? Estará en los semejantes, pero...¡qué poco nos amamos! Aunque yo ahora estoy queriendo a mucha gente ¿Eh? ¡Ay,si nos amásemos todos...! A que Tú le ayudabas a tu Hijo para que tu Hijo fuese al Padre a salvarnos. Pero es imposible eso, ¡somos tantos!

¡Ay! ¿Vas a bendecir los objetos? Pues ya han servido muchos de ellos para convertirse ¿eh? Y también para curarse.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos... Todos han sido bendecidos, y todos estos objetos seguirán derramando gracias para la salvación de las almas. Y ahora os voy a dar mi bendición, hijos míos: Os bendigo, como el Padre os bendice por medio del hijo, y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, ¡adiós!"

 

 

 

 

 

DIA 2 DE JUNIO DE 1984

muc

HABLA LA SANTISIMA VIRGEN

"Hijos míos, todos seréis sellados con el sello de Cristo. Hijos míos, muchos de los val< que estáis aquí presentes, todavía no os habéis puesto a bien con Dios. Hijos míos, pen- Ver

sad que este séllo es muy importante para la protección de vuestras almas y del enemigo.

Mira, hija mía, antes de sellar di lo que estás viendo: no e

HABLA AMPARO: —Cuatro ángeles ¡ay! cuatro ángeles. flegr

mo ~
LA VIRGEN:
— Pues esos cuatro ángeles tienen la misión de destruir la tierra. Pero mira ahora en
el otro lado, de oriente, hija mm.
AMPARO: — ¡Ahí hay otro ángel! dos
LA VIRGEN: Hay
— La misión de este ángel es decir a esos cuatro ángeles que no toquen nada de en ei
la tierra, ni el mar, ni los árboles hasta que no sean sellados todos los hijos de Dios con cos;
ese sello que el enemigo no podrá destruir. Pero, si las almas no aceptan cumplir con PECO.
los Mandamientos de la Ley de Dios, no se salvarán, aun con ese sello, hijos míos. Todo cogei
será destruido por esos cuatro ángeles cuando esté el número de sellados; porque todavía
no está el número completo. ti em
AMPARO: —~Qué tiene ese ángel en la mano?, ¿el.sello?, ¿ese es el sello? ¡Ay! ¿Cómo los va
a sellar?, ¿a todos?, ¿cómo podrá sellarlos a todos?
LA VIRGEN: tambi
— Muchos sentirán en su frente este sello, hija mía. Pero, ni aun sintiendo la marca, ¿Qué

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