HECHOS RELATADOS POR AMPARO EL DÍA 22 DE JULIO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

En la sexta avemaría del cuarto misterio Amparo entra en éxtasis con manifestaciones de intenso gozo. La santísima Virgen, tras inculcar sacrificio, da su bendición y se despide:

"Sacrificio, hijos míos, sacrificio y penitencia. Os lo estoy repitiendo diariamente. Os voy a dar mi santa bendición: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".

(Desaparecida la santísima Virgen, Amparo no se recobra, sino que sigue en su arrobamiento contemplando doce ángeles que forman un círculo de luz con la cual son iluminadas las personas asistentes que rezan el santo Rosario, Amparo lo expresa así):

Así todos los ángeles... los ángeles rodean a todos... Los ángeles vueltos así con la luz esa a todo alrededor, los han dejado en medio a todos así puestos. Alrededor no se podía quitar nadie de ahí. No podía salir nadie de ese redondel. Desde aquella parte, así, andan toda la parte; a toda la quedan bajo la luz (aquí se oye una voz agradable de hombre que pronuncia las palabras "la luz"), pues toda los ha cogido como si fuesen en un redondel. Pero ese redondel tenía una cosa como de oro que los recogía a todos para acá, pero no podían salir para allá, para aquella parte (Amparo acciona con las manos), de aquella parte de los árboles, y de la otra parte, que hay una fuente. Tampoco podían ir para allá; sólo se quedaban en el centro, y con eso los envolvían, se llenaba toda la cara de todos.

Muchos de los que no han creído, en este momento están creyendo porque la Virgen con sus ángeles, que los ha mandado desde la parte de arriba, han bajado cuando Ella se ha subido y a todos los ha dejado envueltos en una luz. Todo el redondel, todo, hasta unas piedras que hay por allí. Unos humanos los ha dejado todos envueltos en esa luz; están iluminados.

(Sigue Amparo diciendo): Ahora lo que tienen que hacer es corresponder a esa iluminación. ¡Ay, qué alegría! ¿Eh? ¡Ay! Pero todos tenéis que corresponder porque eso ha sido tan grande, grande, grande... Así que los envolvía a todos por aquella parte, por aquella parte, por aquella de allí lejos. Y luego volvía así, los envolvía a todos hasta aquella otra parte, aquella parte de atrás. Allí también había personas, porque se pueden decir también las personas; los humanos son las personas; y allí, por aquellas piedras también había.

¡Ay, qué contenta! De todo eso ha pasado. Pero no creáis que ha sido un ángel solo; han sido doce ángeles. Los doce corrían, no así, así, ni así; sino iban así, así, así y así; sin dar pies así; sólo iban por encima de todos vosotros. Todos, todos habéis quedado iluminados.

No creáis que esto es brujería, porque alguno, que podría acercarme y decirle el que está pensando que es brujería; pero no es ninguna brujería; ha sido todo iluminado. Todo este lado del Prado que nos hemos quedado en medio de esa luz. ¡Ay, qué grande es eso! ¡Ay, ay, qué grande! Están todos por encima iluminados. ¡Ay, ay! Aquél está pensando que es brujería; podría ir y cogerlo; pero no es brujería ¿eh? Es cosa de Dios, por eso pido a todos que creáis, que os acerquéis al sacramento de la confesión.

Es muy importante; a ti también te lo digo; que tú tampoco crees. Al otro que hay ahí, tampoco cree, ¡pobrecito! (Amparo llora y señala a distintas personas). Tú no crees, ni tú tampoco, aquel hombre y aquel chico tampoco creen; pero, ¡pobrecitos!, pedid mucho por ellos. ¡Ay, ay! Esos dos no creen, pero podría decir muchos más que hay que no creen. Pero yo pediré por vosotros para que la Virgen os toque el corazón. Pediré por ti; por ti también; y por ti. Y también pediré por ese que hay ahí también; tampoco cree, ¡pobrecito!, pediré por ti, te lo prometo.

Pensad que tenéis un alma; ya lo dice la Virgen que no vale el cuerpo ni para estiércol; y cuando nos muramos, no nos va a servir el cuerpo ni para basura. Por eso os pido, que desde hoy cambiéis vuestra vida, os pongáis a bien con Dios. Cumplid con los Diez Mandamientos. Es muy importante, que el castigo está cerca. (Dirigiéndose a una de las personas presentes, le dice): No te rías; es verdad que tienes un alma. Yo pediré por ti para que ese corazón que tienes tan endurecido se te ablande (Emite largos suspiros). Yo, venga a pedir por ellos, venga; y ellos, no quieren hacer caso. La Virgen pide sacrificio, venga sacrificio. Como ellos no quieren convertirse tampoco... (dos palabras ininteligibles) así como vivís vosotros. (Tras unos momentos de profundos sollozos, Amparo empieza a recuperarse y, después de volver en sí, continúa):

Vamos a cantar a la Virgen; vamos a cantarle la Salve (una voz de hombre entona el "Salve, Madre", que todos prosiguen).