MENSAJE DEL DÍA 9 DE SEPTIEMBRE DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

Durante la vigilia que se celebra todos los viernes a las diez de la noche, y cuando estabamos terminando de rezar el santo Vía Crucis, al disponernos a meditar la decimocuarta estación, Amparo cae de rodillas lamentándose de fuertes dolores, frente al fresno donde se le aparece la Stma. Virgen, y comienza a sangrar por la frente y las manos, presentando los estigmas de la pasión de nuestro Señor. Todos los allí presentes, hemos podido ver, como en su frente se formaban, con sangre fresca y roja que manaba, las señales de la corona de espinas; así mismo en sus manos podía apreciarse igualmente sangrantes las marcas de los clavos que atravesaban en la crucifixión a nuestro Señor.

Amparo durante un rato ha sentido los agudos dolores de la pasión y lamentándose exclamaba:

Ay Jesús, ay Jesús mío, ayúdame Jesús!

Sintiendo fuertes náuseas; después se ha ido calmando el dolor y entrando en éxtasis ha transmitido en un susurro el siguiente mensaje que le comunicaba la santísma Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, mi hijo te ha escogido víctima, hija mía, tienes que ser fuerte, te escogió como víctima para bien de toda la humanidad, hija mía, para la salvacíón de las almas, por eso hija mía, las pruebas son terribles; pero tienes que ser fuerte, tienes que ser fuerte, no te abandones hija mía; tendrás que sufrir mucho, la mayor parte del sufrimiento. hija mía, te la producirán los humanos; pero tú ofrécete, como víctima reparadora para la salvación de las almas; mí Hijo se vale de almas víctimas, para poder salvar por lo menos la tercera parte de la humanidad; por eso hija mía, mientras haya victimas que reparen los pecados de los hombres, se irán salvando muchas almas.

Te pido sacrificio, hija mía, sacrificio y oración; ofrécete y hazte pequeña ante los hombres para que mi Hijo pueda subirte alto, alto, muy alto, hija mía. El camino de Cristo es duro, pero vale la pena, porque luego recibirás tu recompensa. Piensa que no eres nada, hija mía, piensa que eres miseria, y que por eso te escogió mi Hijo, por pequeña, y por miserable, hija mía, por eso tienes que ser muy humilde, muy humilde para poder conseguir que se salven muchas almas hija mía. Mi Hijo te escogió a ti como ha escogido a otras almas víctimas, pero vale la pena el sufrimiento, hija mía, vale la pena, porque el sufrimiento y la oracion valen para la salvación del mundo, pero vale la pena sufrir para recibir la recompensa; hazte pequeña, pequeña, para que mi Hijo pueda ponerte en un sitio, donde estás alta, muy alta, hija mía.

Besa el suelo, hija mía, por los pecadores (lentamente se inclina, besa el suelo y se alza); este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de las almas; piensa, como te he dicho otras veces, que todo aquel que se humille, será ensalzado ante los ojos de Dios Padre, hija mía; por eso te pido oración, y sacrificio, oración, hija mia.; recibe con humi1dad todas las pruebas; que en este mundo, hija mía, los humanos, los humanos son... (aquí Amparo habla en un idioma ininteligible); eso son hija mía, pero vale la pena el sufrimiento, para conseguir las moradas, hija mía; piensa, que para seguir a Cristo, hay que coger la cruz, cargársela, e ir detrás de El, hija mía.

Mira, hija mía, qué premio espera a las almas víctimas, a esas almas víctimas que Jesús coge para la salvación del mundo, (aquí Amparo ve una morada celestial, y hace exclamaciones de gozo y dice):

¡Ay, quiero quedarme aquí, quiero quedarme aquí, ay, yo quiero quedarme aquí, ay, ay, yo quiero quedarme, ay!

(La santísima Virgen continúa diciéndole):

Ya llegará el día, hija mía, en que recibirás tu recompensa, por tus sufrimientos, pero hazte pequeña, hija mía, y humillate ante los ojos de los hombres.

Os pido, hijos míos, sacrificios y oración, para poder conseguir el cielo; sin sacrificio y oración, no se puede conseguir; por eso me agrada tanto, la plegaria favorita, hija mía, mi plegaria, que es el santo Rosario con el santo Rosario, hijos míos, podéis ayudar a muchas almas. Sacrificio, hijos míos, sacrificios y oración.

En recompensa a tu dolor, hija mía, besa el pie, (se ve como Amparo besa algo en el aire y se oye el beso).

Os bendigo hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós".

Al terminar de transmitir el mensaje que le comunicaba la santísima Virgen, Amparo ha ido saliendo del éxtasis y dc nuevo ha sentido fuertes náuseas y dolores; sintiendo una gran sed, ha pedido agua. Ha sufrido el frío intenso de la muerte.

Poco a poco ha ido recuperándose y los estigmas han ido desapareciendo a la vista de todos, sin dejar rastro y sin que nadie la tocara. Un suave perfume como de rosas la acompaña siempre.

Hemos intentado ayudarla a levntarse, pero era imposible, ya que su cuerpo queda como un bloque de mármol, y tarda bastante en recuperarse.

Algunas personas han tomado sangre en sus pañuelos, en la que se apreciaba el perfume a rosas.

Todo esto lo henos presenciado unas trescientas personas que damos nuestro testimonio.

Un sacerdote que se encontraba entre nosotros y que ha prescnciado todo, ha terminado de rezar la última estación del Vía Crucis, mientras Amparo se recuperaba y todos con gran temor hemos ido acompañando con nuestras oraciones.

También un religioso franciscano, se ha ido gratamente impresionado de todo lo que ha presenciado.

La estigmatización ha comenzado alrededor de las once y media y ha durado aproximadamente cuarenta y cinco minutos.

Entre los que allí nos encontrábamos, estaban: las hijas de Amparo, Lourdes y Amparito, con su esposo Vicente, su hijo Pedro. También estábamos: Marcos, Félix y Esperanza, Maribel y Carlos, Miguel Martínez, Isidro y su esposa, Isabel Garza, Paloma y Alicia, Julián y Rosa Maria, y muchas personas de fuera, especialmente de Madrid, también muchas personas que no recordamos sus nombres.