MENSAJE DEL DÍA 23 DE JULIO DE 1983

EN SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (MADRID)

HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN:

 

"Quiero, hijos míos, que sigáis frecuentando este lugar porque se están convirtiendo muchas éilmas (Amparo suspira profundamente). No miréis los milagros del cuerpo tened presentes los milagros del alma. Se harán milagros cuando se cumplan mis palabras. Sí, hijos míos, me agrada mucho que sigáis frecuentando este lugar; seguid rezando el santo Rosario ¡Cuántas almas hay en el infierno porque nadie ha rezado por ellas, hijos míos! Oración pido, hijos míos, oración y sacrificios para la conversión del mundo.

 

(Amparo ve cómo los ángeles depositan en el regazo de la santísima Virgen el Cuerpo llagado del Señor y la Virgen le dice:)

Mira, hija mía, mira cómo lo han dejado los pecados de los hombres, en qué lugar han dejado a mi Hijo, mira cómo está su Cuerpo (Amparo gime). Para que digan los humanos que mi Hijo no sufre, hija mía. Mi Hijo está con la cruz diariamente por la salvación de toda la humanidad.

 

Pido hijos míos, que se haga una capilla en este lugar, en honor a mi nombre; pero no me hacen caso los humanos. Quiero que se medite la pasión de Cristo; está completamente olvidada, hijos míos. Seguid rezando, hijos míos el tiempo se aproxima y los hombres no dejan de ofender a mi Hijo. El Padre Eterno está enfadado; imploradle al Padre, hijos míos, que tenga misericordia de la humanidad porque de un momento a otro va a descargar su ira, hijos míos.

Sed humildes como vuestra Madre fue humilde y sed puros como vuestra Madre fue pura también, hijos míos. No os riáis de los mensajes de vuestra Madre, de un momento a otro va a llegar el castigo, hijos míos, y los hombres no dejan de ofender a Dios qué crueles son, hija mía, no hacen caso, me manifiesto en tantos lugares... pero qué poco caso hacen de mis avisos; no hacen caso de los avisos de su Madre.

Besa el suelo, hija mía (Amparo se inclina lentamente y lo besa). Esto lo haces por las almas consagradas, las amo tanto, hija mía, y ¿cuántas almas consagradas se han retirado del camino de Cristo y se han introducido en la vida de placeres, hija mía? Besa el suelo en reparación de sus peca- dos. (Amparo se inclina y lo besa por segunda vez).

Nunca, hija mía, te avergüences de la hum,illación, todo el que se humille será ensalzado ante Dios, hija mía. Este acto de humildad sirve en reparación de todos los pecados del mundo, de las almas consagradas, hija mía. ¡Pobres almas, hija mía! Se han oscurecido sus mentes y se ha metido el demonio para llevarlos por el camino de la perdición. ¡Qué oscuras están sus mentes, hija mía, pobres almas!

Tened presente que el enemigo está entre los cuatro ángulos de la tierra para apoderarse del mayor número de al. mas; por eso os pido, hijos míos: con el sacrificio y con la oración podéis ayudar a esas pobres almas para que no se condenen.

Pensad que el mundo pasa, que la tierra no vale para nada; pero que las moradas están preparadas para todo el que quiera seguir a mi Hijo. Hijos míos, coged la cruz de Cristo y cargaosla; pero no os quejéis cuando llevéis esa cruz; hacedlo con humildad y que vuestra cara no demuestre el sufrimiento, hijos míos. Sed humildes; humildad, hijos míos, para poder conseguir las moradas. La lucha del enemigo también está próxima, hijos míos. Estad sellados con el número de María Inmaculada, de vuestra Madre María Inmaculada.

No os dejéis sellar por el número del enemigo que es el 666. El enemigo está en la lucha, hijos míos, está entre vosotros, retiraos de aquellos que os quieren llevar por el camino de la perdición; hijos míos, sed discípulos, no seáis Herodes. Humildad es lo que pido y sacrificios, haced, hijos míos, penitencia y acercaos al camino de vuestro Padre celestial, ese camino es el de las espinas, hijos míos. Satanás os lleva al camino de la felicidad, no os vayáis por el camino de las rosas, coged las espinas porque el enemigo os quiere confundir. Sed humildes, hijos míos, y seguid rezando el santo Rosario. Pero también os pido, que muchos de los aquí presentes no os habéis acercado al sacramento de la confesión. Hijos míos, si no os habéis acercado a ese sacramento, no os salvaréis. Bienaventurados aquellos que cumplen los diez Mandamientos de la Ley de Dios.

También os pido que hagáis vigilias, hijos, en reparación de esas almas que no han conocido a mi Hijo.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Sacrificios, hijos míos, sacrificios os pide vuestra Madre; no os riáis, hijos míos. Cuando os presentéis ante el Padre, que los ángeles no os rechacen. Sí, humildad es lo que pido, con el sacrificio y con la caridad.

Adiós, hijos míos."