NOTA INFORMATIVA SOBRE LAS DENUNCIAS
CONTRA LA OBRA DE EL ESCORIAL


Juan Carlos Bueno Suescun y su Asociación de "víctimas" han dado un paso más en su espiral de falsas denuncias con graves y constantes acusaciones contra todo lo relacionado con Prado Nuevo, la Obra de El Escorial y contra Luz Amparo especialmente.

Su táctica es la de siempre: denuncian, lo airean en los medios de comunicación; después, una vez que los jueces no les dan la razón -hasta ahora ha sucedido así en todas las ocasiones-, ocultan las sentencias y pasan a una nueva acusación.

La última campaña mediática la han centrado en un tema muy delicado, que ellos tratan sin respeto y de forma tergiversada: la estigmatización de Amparo y su relación con los menores.

Se sirven esta vez, para sus intereses, de una carta enviada a ellos por la Adjunta del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, deformando su contenido. La Asociación de supuestas víctimas saca las conclusiones que les interesan y omiten puntos de la carta que nos parecen significativos.

La Adjunta al Defensor del Menor llega a reconocer de manera reiterada que los niños a los que hace referencia Juan Carlos Bueno, hoy son personas adultas, y no tiene sentido mencionarlos ahora como menores ni llevar a cabo acción alguna en relación con ellos: "No obstante, debe recordarse nuevamente, que las circunstancias que aparecen descritas en este libro se sitúan a principios de la década de los ochenta y por tanto, todos los niños a los que se refiere el mismo son hoy día adultos".

Además, aquellos niños son en la actualidad personas mayores, responsables en diferentes ámbitos de la vida social y familiar, desempeñando sus trabajos y viviendo sus respectivas vocaciones con toda normalidad. Ellos están dispuestos a dar testimonio, si fuera necesario, confirmando cómo aquellos hechos sobrenaturales no perjudicaron en absoluto, sino todo lo contrario, el desarrollo de su personalidad.

Por otra parte, los niños que hoy viven integrados en la Asociación Pública de Fieles forman parte de su familia natural, con sus padres y hermanos, en el ámbito de la Comunidad Familiar aprobada por la Iglesia, que nada tiene que ver con una "comuna", como repiten las supuestas víctimas. Conviene resaltar que los niños actuales, que viven con sus padres en cada una de las casas de la Comunidad Familiar, nunca presenciaron los hechos cuestionados, puesto que todos ellos nacieron años después de que se produjeran.

En cualquiera de los casos, la Adjunta al Defensor del Menor reconoce también que todas las cuestiones que denuncia Juan Carlos Bueno "quedan -asegura ella- fuera del ámbito de competencia de esta Institución".

Estigmas

En otro orden de cosas, debemos aclarar que el fenómeno de los estigmas es totalmente distinto de cómo lo entiende y presenta este señor, presidente de las supuestas víctimas. ¡Qué pena que un hecho de carácter sobrenatural sea tergiversado hasta aplicarle calificativos tan denigrantes como los utilizados por la Asociación de supuestas víctimas!

Los estigmas concedidos a algunas almas elegidas son una participación de las heridas que Jesucristo padeció en la Pasión.  En la Historia de la Iglesia se han dado en no pocas personas, que luego  -la mayoría- han alcanzado la santidad. Dichos estigmas y la sangre derramada por ellos tienen un tono y significado muy diferentes de las deducciones que hacen las "víctimas". El papa Juan Pablo II habló en diferentes oportunidades sobre este fenómeno sobrenatural. En referencia al Padre Pío de Pietrelcina (ya canonizado), «el fraile de las llagas», como se le ha denominado, decía en un discurso suyo: «Recogido completamente en Dios, y llevando siempre en su cuerpo la pasión de Jesús, fue pan partido para los hombres hambrientos del perdón de Dios Padre. Sus estigmas, como los de san Francisco de Asís, eran obra y sino de la misericordia divina, que mediante la cruz de Cristo redimió el mundo. Esas heridas abiertas y sangrantes hablaban del amor de Dios a todos, especialmente a los enfermos en el cuerpo y en el espíritu» (3-5-1999). En otra ocasión, al hablar de san Francisco de Asís (otro de los santos que recibieron los estigmas de la Pasión), expresó el mismo Papa: «Con Francisco, el santo que respiró el aire de estas colinas y recorrió estas aldeas, fijamos nuestra mirada en el misterio de la Cruz, árbol de salvación regado por la sangre redentora de Cristo» (24-1-2002). ¡Hay un abismo entre estas palabras del Papa y las explicaciones que suele hacer Juan Carlos Bueno de estos hechos!

El caso de Luz Amparo


Observemos, pues, cómo la interpretación realizada por Juan Carlos B. de un hecho semejante, no puede definirse sino como disparatada. Lo que sucedía por aquellos años a Luz Amparo hay que situarlo en el campo de los misterios cristianos, que únicamente la Iglesia puede interpretar. Nos encontramos, entonces, ante un posible carisma recibido por Amparo, con el fin de hacerla partícipe de la Pasión de Cristo, conforme a la cita de san Pablo: "...completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24).

Si algunas veces el fenómeno de la estigmatización se produjo delante de algún niño, fue de modo muy puntual y fortuito; nunca buscado ni provocado, pues en ningún momento dependía de la voluntad de Luz Amparo, ni mucho menos era fruto de la intervención de otras personas, ni preparado por ellas, como afirma Juan Carlos Bueno, sin prueba alguna que lo demuestre.

Las escasas ocasiones en que niños contemplaron a Amparo estigmatizada fue -insistimos- porque la Providencia permitió que así fuera. Como hemos señalado, aquellos niños son adultos, personas responsables en los distintos estados y ocupaciones en que se encuentran, integrados en sus ambientes. ¿Cómo se puede decir que aquella experiencia fue traumática para ellos?

No es la primera vez en la Historia de la Iglesia que niños de corta edad contemplan a Jesús crucificado, participando de imágenes  en que aparece la sangre, siendo esto lógico e inevitable si se trata de la Pasión de Jesucristo. Así les sucedió, por ejemplo, a santa Catalina de Siena, santa Gema Galgani, santa Brígida de Suecia, etc.

Santa Brígida, declarada co-patrona de Europa por Juan Pablo II, a la edad de siete años tuvo ya una visión de la Virgen. A los diez, vio al Señor clavado en la Cruz sangrando, y escuchó estas palabras: «Mira en qué estado estoy, hija mía». «¿Quién os ha hecho eso, Señor?», preguntó la niña. Y Cristo respondió: «Los que me desprecian y se burlan de mi amor». Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual.

A pesar de la actitud de Juan Carlos Bueno y las supuestas víctimas, ya sabéis cuál ha de ser nuestra respuesta como cristianos: el perdón y el amor a los que nos persiguen y calumnian; así como la obediencia a la Iglesia, y especialmente a nuestro Cardenal-Arzobispo, D. Antonio María Rouco.



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