BENDICIÓN DEL DÍA 3 DE MARZO DE 2012, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo. Dios bendiga a todos los que han acudido a este lugar; a todos, hijos míos...

     Que vengan a este lugar aquéllos que sean más necesitados; aquéllos que tengan más necesidad de salud de alma y de cuerpo.


 

MENSAJE DEL DÍA 1 DE ABRIL DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, vengo a aclararos unas cosas, hija mía.

En mi mensaje del sábado hubo varios humanos que dudaron de tres preguntas, hija mía. Te han preguntado y no has sabido qué contestar. Tú también has dudado, hija mía... (Luz Amparo comienza a llorar con mucha pena).

No llores, hija mía. Eres muy poco humilde por dudar de mis preguntas. Tú antes me has preguntado y no te he contestado; pero quería que todos los aquí presentes supiesen que eres muy poco humilde, hija mía. Antes de aclararte estas tres preguntas, besa el suelo, hija mía; por tu humildad, hija mía, y por todos los humanos...

La primera pregunta que te voy a contestar, hija mía, es sobre el Cardenal. Hace mucho tiempo que te dije que fueses a hablar con el Arzobispo. Hija mía, no has cumplido con lo que yo te dije. Por eso te digo ahora que vayas al Arzobispo y que vayas al Cardenal, hija mía.

La segunda duda es sobre la Iglesia; sobre los mandamientos de la Iglesia, porque te dije, hija mía, que habían sido hechos por la Iglesia y para la Iglesia. Sí, hija mía, porque todo el ser humano es Iglesia, hija mía. Y como todos los humanos son Iglesia... (ininteligible por el llanto), por eso los mandamientos los hizo Dios para la Iglesia y por la Iglesia, hija mía. Y todos sois Iglesia.

La tercera duda, hija mía, es sobre la Consagración en el mundo. El mundo fue consagrado el domingo. Y os dije que os unieseis a mi amado hijo, el Vicario de Cristo, para que la Consagración no fuese el mismo día, hija mía; pero la Consagración estaba ya en el pensamiento de mi amado hijo, hija mía. Por eso te digo que eres poco humilde para dudar de mí, hija mía. Esto ha sido la causa de mi presencia, hija mía, para aclararte estas preguntas.

Ahora vas a besar el suelo por los pobres pecadores... Por los pobres pecadores, hija mía; en reparación de todos los pecados del mundo.

Nada más quería avisarte, hija mía, para que seas humilde y nunca dudes de mis palabras, aunque te digan que el enemigo puede confundir todo esto, que puede ser obra del enemigo.

Sigue adelante, hija mía, que en una ocasión te dije: “El enemigo nunca puede hacer buenas obras; siempre destruye, hija mía; nunca construye”. Por eso pido humildad, que con humildad el enemigo no puede apoderarse de las almas, hija mía. Y no tengas dudas; tienes que ser muy humilde, muy humilde, hija mía.

No llores, porque la humildad consiste en proponérsela uno mismo.

LUZ AMPARO:

(Entre sollozos) ¡Tantas cosas!... ¡Son tantas cosas!...

LA VIRGEN:

Pero, hija mía, ¿de qué sirven estas cosas del mundo para todo el que goza de ellas, si luego, en un segundo, va a perder su alma, hija mía?

LUZ AMPARO:

¡Ayúdame!, ¡ayúdame!

LA VIRGEN:

Yo te ayudo, hija mía; pero piensa que eres víctima, víctima de reparación de todos los pecados del mundo. Humildad y sacrificio. Sin sacrificio y sin humildad no podréis conseguir el Cielo, hijos míos.

No dudéis de los mensajes del Cielo, nunca pueden confundirse con los del enemigo. Y no sigáis a profetas falsos. El mundo está invadido de profetas falsos.

Os voy a dar mi bendición, hijos míos. Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Hijos míos, para que veáis que os quiere vuestra Madre, hoy os voy a bendecir todos vuestros objetos. Levantad todos los objetos... Todos estos objetos han sido bendecidos; servirán para la conversión de los pecadores.

Adiós, hijos míos, adiós.


COMENTARIO A LOS MENSAJES

1-Abril-1984

     «Hija mía, vengo a aclararos unas cosas, hija mía.

     En mi mensaje del sábado hubo varios humanos que dudaron de tres preguntas, hija mía. Te han preguntado y no has sabido qué contestar. Tú también has dudado, hija mía... (Luz Amparo comienza a llorar con mucha pena).

     No llores, hija mía. Eres muy poco humilde por dudar de mis preguntas» (La Virgen).

 

     Se está refiriendo la Virgen al mensaje del 24 de marzo de 1984, que cayó en sábado y que nosotros meditamos en los dos comentarios anteriores, correspondientes a los meses de enero y febrero. Se ve, por lo que revela la Virgen esta vez, que hubo personas que tuvieron dudas sobre dicho mensaje, y Ella viene a aclararlo en el mensaje siguiente del 1 de abril. Esas tres preguntas fueron dirigidas a Luz Amparo, pero ella no supo dar una respuesta adecuada. Se siente apenada ante las palabras de corrección de la Virgen, que le recuerda lo ocurrido.

 

     «La primera pregunta que te voy a contestar, hija mía, es sobre el Cardenal. Hace mucho tiempo que te dije que fueses a hablar con el Arzobispo. Hija mía, no has cumplido con lo que yo te dije. Por eso te digo ahora que vayas al Arzobispo y que vayas al Cardenal» (La Virgen).

 

     En algún otro mensaje anterior y posterior, la Virgen pide a Luz Amparo que vaya a hablar con el Obispo del lugar, Arzobispo en este caso por tratarse de un Arzobispado, entonces de Madrid-Alcalá, que pasó a escindirse en dos, a partir de 1991, quedando la Archidiócesis de Madrid y la Diócesis de Alcalá refundada, puesto que ésta fue en tiempos independiente, y permaneció unida a Madrid durante el periodo de 1964 a 1991, cuando la capital de España fue declarada Archidiócesis.

     Cuando la Virgen pidió a Amparo: «Por eso te digo ahora que vayas al Arzobispo y que vayas al Cardenal», ella quedó confundida, puesto que entonces D. Ángel Suquía Goicoechea era Arzobispo de Madrid-Alcalá, pero no había sido nombrado aún Cardenal de la Iglesia Católica, lo que sucedería un año después, el 25 de mayo de 1985. El mensaje estaba hablando, pues, de modo profético del cardenalato que recibiría D. Ángel.

 

     «La segunda duda es sobre la Iglesia; sobre los mandamientos de la Iglesia, porque te dije, hija mía, que habían sido hechos por la Iglesia y para la Iglesia» (La Virgen).

 

     «...sobre los mandamientos de la Iglesia (...), que habían sido hechos por la Iglesia y para la Iglesia». ¿Se refiere a los cinco mandamientos de la Iglesia promulgados por la autoridad eclesiástica? ¿O hace referencia a los diez mandamientos, que la Tradición de la Iglesia, «fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús»(1), ha expuesto en la moral cristiana? Pensamos que encaja esta última hipótesis, entre otras cosas porque así concuerda con el mensaje anterior (24-3-1984), a raíz del cual surgieron unas dudas que resuelve la Virgen en el presente mensaje. El sentido de la preposición «por» lo explicamos en el comentario del mes de febrero. Por lo cual, en una libre traducción, la frase del presente mensaje podría quedar así: «...sobre los mandamientos de la Iglesia (...), que habían sido hechos a favor de la Iglesia y de sus miembros y para uso de la Iglesia».

 

     «La tercera duda, hija mía, es sobre la Consagración en el mundo. El mundo fue consagrado el domingo. Y os dije que os unieseis a mi amado hijo, el Vicario de Cristo, para que la Consagración no fuese el mismo día, hija mía; pero la Consagración estaba ya en el pensamiento de mi amado hijo, hija mía. Por eso te digo que eres poco humilde para dudar de mí, hija mía. Esto ha sido la causa de mi presencia, hija mía, para aclararte estas preguntas» (La Virgen).

 

     La Virgen decía en el mensaje del día 24 de marzo de 1984 (una semana anterior al que estamos comentando): «El Vicario de Cristo, mi amado hijo, hija mía, este hombre ha consagrado el globo terrestre», ya que realmente se anticipó esa consagración en algunos lugares del orbe católico por la opción que el mismo Juan Pablo II había ofrecido: hacer la consagración el día 25 de marzo, domingo, como así la hizo él, o bien, el día anterior, 24 de marzo, como se realizó en Prado Nuevo.

 

     «Sigue adelante, hija mía, que en una ocasión te dije: “El enemigo nunca puede hacer buenas obras; siempre destruye, hija mía; nunca construye”. Por eso pido humildad, que con humildad el enemigo no puede apoderarse de las almas» (La Virgen).

 

     Curiosamente, el nombre de Satanás en griego —apolión significa «destructor», porque, como afirma la Virgen, el «enemigo (...) siempre destruye» y «nunca construye»; trata de hacer todo el daño posible, intenta aniquilar la vida de Cristo en las almas y, si le fuera posible, la vida misma de cada ser humano. Pide por ello humildad, pues «con humildad el enemigo no puede apoderarse de las almas». Enseñaba el papa Benedicto XVI recientemente, recordando el libro de la Imitación de Cristo: «...es con la paciencia y con la verdadera humildad como nos haremos más fuertes que cualquier enemigo»(2).



(1) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2064; cf. n. 2065.

(2) Ángelus, 26-2-2012.