CONCORDANCIAS  MENSAJES PRADO NUEVO - EVANGELIO

LAS MORADAS (3)

Hemos estado viendo las moradas prometidas en los mensajes de Prado Nuevo. Se ha demostrado la concordancia con el Evangelio, como se ha visto en (Jn.14,2/3). Me quedó por introducir una especial. Aquella que está en Dios, o juntito a Dios. Es la morada donde de seguro estará Luz Amparo, el Padre Alfonso y alguna otra alma nacida de la Obra de la Santísima Virgen.

Extraigo del mensaje del 2-2-2002, este fragmento:

[PADRE ALFONSO MARÍA (Confesor de Luz Amparo):

"Dios permite que me veas, hija mía; qué diferencia la del Cielo a la Tierra: aquí no valen los títulos, ni los nombramientos; aquí es todo a lo Dios. ¡Qué grandezas las del Cielo y ver el rostro de Dios! Cuántas almas llegan aquí, por ese lugar (P.Nuevo), con una vida perfecta, porque los hombres se llaman católicos practicantes, pero ¿cómo viven la doctrina?...

LUZ AMPARO: ¡Ay!... ¡Ay, qué grandezas, Dios mío! ¡Ay, Padre, ayúdeme!

PADRE ALFONSO MARÍA:

Ya he llegado aquí a ver el rostro de Dios; qué alegría siente todo mi ser, porque estoy impregnado de la divinidad de Dios participando de estas grandezas. ¡Qué grandezas y cuánto he deseado este momento! Esta es la grandeza infinita por la que tiene que luchar el hombre, no hay otras grandezas en la Tierra mayor que ésta."]

Ni aún oyendo o leyendo este mensaje podemos imaginarnos lo que Dios tiene preparado para los que le aman: (1Cor.2,9) “Ni el ojo vió, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman”.

Esta debe ser una morada muy próxima a la que nos dice la Virgen en el mensaje del 2-6-1990, “aquí, hija mía, llegan pocos, sólo unos pocos bienaventurados.”

Hay otras, no muy lejanas de esta, en donde deben estar los que ve Luz Amparo en el mensaje del 2-5-1998:

[LA VIRGEN:

"Así quiero que los peregrinos cubran mi cuerpo con un manto blanco y amarillo, para tapar sus miserias, hija mía. Mira qué inmensidad tiene este manto y cuántos pecadores he protegido con él. Las rosas son avemarías, hija mía. Aquí están todos los frutos de mi manifestación. Mira las obras en esta parte. Mira los pecadores que han vuelto al rebaño de Cristo. Mira todos los que han muerto, que han pisado este lugar: están bajo mi manto, hija mía. Hoy también está tu hijo por ser un día tan especial como el que es; mira, aquí te lo muestro.

LUZ AMPARO:

¡Ay, hijo mío, hijo mío! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay, qué belleza!

LA VIRGEN:

¿Ves las oraciones de una madre cómo tienen mucho valor, hija mía?

LUZ AMPARO:

¡Ay, Jesús! ¡Ay! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay! También están ahí Aquilina, Rosa... ¡Huy, cuántos de los que venían aquí! ¡Ay! ¡Ay!

LA VIRGEN:

¡Cuántas gracias he derramado en este lugar, hija mía, y los hombres no quieren reconocer los frutos!

LUZ AMPARO:

¡Ay! ¡Ay, hijo mío! ¡Ay! ¡Ay!

LA VIRGEN:

Por eso te digo, hija mía, que quiero que esta Obra sea una empresa de amor; que tu caridad sea perfecta; cuanto más perfecta sea tu caridad, hija mía, más fuerza tiene la oración y más perfecta es la oración."]

Precioso recordatorio para todos, principalmente para la Obra, basado en el amor, que si falla, la oración no tiene fuerza, porque no es perfecta.

M.S.G.