CONCORDANCIAS  MENSAJES PRADO NUEVO - EVANGELIO

LAS MORADAS (2)

La Obra de Prado Nuevo, fundada por Luz Amparo a petición de Nuestra Madre, tiene una gran misión que desarrollar. Se ha hecho bastante, pero queda mucho por hacer.

Meditando esta realidad, me he parado a repasar el mensaje del 1-2-1992, donde el Señor, después de hacer esta promesa: “Todos aquéllos que ayudéis a mi Obra seréis recompensados y estaréis muy cerca de la morada de mi Padre,” con el premio que ello significa, que debe llenarnos de alegría, hace esta otra promesa: “Para todos aquéllos que ayudéis a los mayores en su ancianidad, os prometo una recompensa eterna.”

Y claro, la Virgen da en este mismo mensaje una pista que aclara estas promesas y que se sintetizan con estas palabras:

“Todo el que practique el mandamiento del amor será recompensado.”

Sí, volvemos a lo que en tantos mensajes han repetido, tanto el Señor como la Santísima Virgen, y que como muestra podemos hacer mención al mensaje del 7-3-1987, donde dice la Virgen: “Os repito, hijos míos: amaos los unos a los otros, tenéis que ser todos uno solo,” recordando la oración de su Hijo al Padre de que nos habla San Juan en (Jn. 17,21)

Veamos esta promesa cumplida en el mensaje del 6-10-2001:

[PIERRE PIQUÉ: (peregrino francés fallecido)

Gracias os doy a todos por haberme aceptado al servicio de esta Obra bendita de Dios.

LUZ AMPARO:

¡Ay, Pedro, ay!

PIERRE PIQUÉ:

Mirad las gracias que he recibido, que aquí estoy en este lugar maravilloso de felicidad, de alegría y de paz. Dios me ha introducido en sus entrañas y me ha hecho ver su vida interior, donde está el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, y donde me están haciendo comprender maravillas y misterios divinos; a través de las entrañas de Dios Padre, está la grandeza de todo. ¡Qué feliz soy! Por eso pido a todos: trabajad para gloria de Dios, que hay una recompensa bella y eterna. ¡Qué hermosura y qué grandezas las de aquí! Pido a los míos que me imiten y sigan este camino para juntarnos en las maravillas de Dios.

LUZ AMPARO:

¡Ay, qué grandeza!

PIERRE PIQUÉ:

No hay paz ni felicidad que se parezca a este lugar. Luchad, para que todos podamos llegar a la paz y a la felicidad eterna.

LUZ AMPARO:

¡Ay, Dios mío..., Señor!

EL SEÑOR:

¿Ves, hija mía, como te digo, que nada quedará sin recompensa? Cualquier cosa que se haga por los pobres, por los necesitados... Recibirán una recompensa tan grande que es más del ciento por uno, hija mía; pero, ¡ay, aquéllos que son cobardes e ingratos a lo que yo les he pedido, sólo por querer resplandecer en los primeros puestos, y por recibir halagos y palmaditas!; todo lo han perdido.]

Tengamos en cuenta, con toda certeza, que el amor que apliquemos a todos, y en este caso a los ancianos, enfermos y necesitados, tendrá una amplia recompensa del Cielo, porque si el Señor prometió premio, según nos cuenta San Marcos: “Pues el que os diere un vaso de agua en razón de discípulos de Cristo, os digo en verdad que no perderá su recompensa.” (Mc. 9,41), qué no dará al que ayude a los pobres y necesitados, coincidiendo plenamente con la promesa expuesta en el mensaje.

M.S.G.