SED PERFECTOS

Si hemos puesto en práctica las enseñanzas de la CARIDAD, estoy seguro que vamos por el camino que Cristo indicó a sus discípulos, y que vemos en:

“Vosotros, pues, sed perfectos, como el Padre vuestro que está en los Cielos es perfecto.” (Mt. 5,48)

Comenta el Padre Torres que cuando el Señor habla en el Evangelio de la perfección cristiana exige toda una serie de sacrificios; por ejemplo, el abandono de la familia, la renuncia de los bienes terrenos y, con éstos, otros muchos que nos son conocidos. Cuando aquel joven preguntó qué haría para ser perfecto, el Señor le respondió: “Vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme.” (Mt.19,21)

Si el Señor señala como camino para ser perfecto esta renuncia de los bienes terrenos y toda una serie de sacrificios que estamos acostumbrados a oir, parece que nos está exhortando a que vivamos en esa pobreza y renuncias. ¿Es posible que el Señor pida a todos los cristianos esa serie de sacrificios? Parece excesivo pedir a todos los hombres que lo sigan, y colocándonos en la realidad de la vida, esta dificultad se tiene que sentir, porque es una dificultad muy real.

Dice el Padre Torres que la dificultad proviene de una confusión: Entre lo que se llama estado de perfección y lo que se llama vida perfecta. No son lo mismo las dos cosas. La vida perfecta no es otra cosa que la práctica de las virtudes perfectas, que puede ser diversa, porque no es lo mismo la virtud de la pobreza en un religioso que en un padre de familia. En cambio el estado de perfección no es más que un conjunto de circunstancias, un modo de vida permanente, en el cual se hace más fácil, se asegura más la vida perfecta. Es evidente que el que ha renunciado a todos los bienes de la tierra no ha de encontrar en esos bienes dificultad para ser perfecto; es evidente que el que ha renunciado a su propia voluntad para vivir en obediencia, no tendrá la dificultad de la voluntad propia para ser perfecto.

Aclara el Padre Torres, que Dios invita a la vida perfecta a todos, a los religiosos que viven en estado de perfección, y a los seglares que no viven en ese estado. Así resulta que de esta invitación, no se siguen las dificultades dichas, porque el Señor cuando exhorta a la vida perfecta, no dice a todos por igual que renuncien a la propia familia, apartándose de ella, o que renuncien a los propios bienes repartiéndolos a los pobres, aunque les dice que, sin tener el corazón desprendido de todo ello, no pueden aspirar a la perfección de la virtud.

Algunos dicen que no se puede ser perfecto viviendo en el mundo, como si para ser perfecto fuera indispensable ser religioso, entrar en religión. Cierto que las almas que aspiran a la perfección encontrarán más facilidad para santificarse en la vida religiosa, pero nadie, ni aún el que está en el ambiente más envenenado, puede decir que le es imposible la perfección y la santidad. Este desaliento que entra en las almas cuando ven el mal que las rodea, es infundado, debe servir para redoblar su lucha, porque mientras el religioso encuentra en la vida religiosa facilidad para servir a Dios, el que vive en medio del mundo ha de ir remando contra corriente y venciendo dificultades; pero eso quiere decir que, si el que vive en medio del mundo vence esas dificultades que no tiene el religioso, tendrá mayor mérito que él.

Pues, si para conseguir la santidad hay que alcanzar la perfección de estado, lo tenemos más fácil, y ya, esa desesperanza que puedan tener algunos, queda amortiguada.

M.S.G.

(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)