EL PECADO DE LOS BUENOS.2

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Este mismo defecto de no vivir entregados a la Fe es muy común entre personas buenas y espirituales. Les pasa lo mismo que a los apóstoles. Quieren acomodar la Fe a lo suyo , a su manera de pensar; no se entregan a vivir de la Fe tal cual es, según Dios. Comenta el P. Torres, que este no entregarse a la Fe entra hasta en las instituciones más fervorosas de la Iglesia.

Que la mayoría de las almas religiosas están ancladas en él, que casi todas se estancan ahí. Estamos tan metidos en las cosas mundanas, que hay muy pocas almas que vivan de la Fe, que se guíen del todo por solas sus luces, que se atrevan a todo según la Sabiduría de Dios.

Hacia el fin del Sermón de la Cena, le interrumpen al Señor para decirle: “Ahora sí que hablas claro y no en proverbios; ahora conocemos que tú lo sabes todo y no has menester que nadie te haga preguntas; por donde creemos que has salido de Dios. (Jn.16,29-30) Parece que por fin se han enterado, están sobre las pistas de las miras de Dios; pero no es así.

Cristo, que leía en sus almas, les responde entre triste y compasivo: “Y ¿qué? ¿Vosotros ahora creéis? Pues sabed que viene el tiempo, y ya llegó, en que seréis esparcidos; cada uno de vosotros se irá por su lado y me dejaréis solo, si bien es verdad que no estoy solo, porque el Padre está conmigo.” (Jn.16,31-32)

Tanto les dañó el horror a la cruz, que verdaderamente aquella noche los discípulos se arruinaron en la Fe. Pues este horror a la cruz es también de personas buenas y muy nuestro. En teoría, sabemos muy bien todo eso de que en la cruz está la salvación, de que sin cruz no se sigue a Cristo.

Lo sabemos muy bien y lo declaramos estupendamente, pero al Señor no se le paga de solas palabras. ¿Sabemos aplicarnos estas teorías cuando se nos presentan a cada uno cruces concretas? Entonces suelen venir los escamoteos.

(De Ejercicios Espirituales del Padre Torres, tomo 3)

M.S.G.