EL PECADO DE LOS BUENOS.1

3-3-21.

Las escenas las pone el P. Torres en el Cenáculo, antes de Pentecosté. Allí está Cristo en medio de sus discípulos. Dice que se asemeja esta escena con un templo. Que allí está Él como está con nosotros en el Sagrario.

El P.Torres quiere fijarse en los apóstoles que le rodean y en los defectos de los apóstoles, que son los defectos propios de las personas buenas. Lo hace para conocernos mejor, y de esa manera agradecer al Señor la paciencia que tiene con nosotros, y una vez enterados, dirigir los esfuerzos para purificar nuestra alma, y no pasar el tiempo, como dice San Pablo, en perder energías.

El P. Torres se pregunta por qué los discípulos de Jesús, después de tres años con Él, parece que no se enteran de lo que les está diciendo. Primero Tomás; que a las palabras del Maestro, cuando les dice que va a prepararles unas moradas, le contesta: “No sabemos adónde vas; ¿cómo podremos saber el camino?” (Jn.14,5) Con paciencia infinita responde Cristo: “¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros y aún no me habéis conocido?”

¿Por qué sucedía todo esto? Porque, aunque es verdad que tenían Fe, alguna Fe, no estaban entregados a la Fe.

Habían tenido una larga formación en el espíritu judaico, que entonces era bueno, pero imperfecto, y conservaban sus ideas, sus pensamientos y sus juicios; toda la doctrina del Señor la veían a través de esos pensamientos propios; de esos puntos de vista suyos, de esos prejuicios, no prescindían nunca; tanto era así, que el Señor con todos sus esfuerzos no logró hacerles entender su doctrina hasta que les mandó al Espíritu Santo en Pentecostés, y entonces se obró en ellos una transformación radical; El Espíritu Santo borró sus prejuicios, parece que les volvió la cabeza al revés, y ya todo el resto de su vida lo consagraron a predicar la necesidad del Evangelio, que había sido escándalo para ellos mismos y para todos los judíos.

(CONTINUA)

M.S.G.