CARIDAD (3)

La frase de Juan: “DIOS ES AMOR” (1Jn.4,8) deberíamos tenerla presente en todo momento, tenerla en un marco en nuestras casas.

(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)

[Continuamos con (Mt.5,43-47) “haced bien a los que os odian.”

Esto significa, no solo que tenemos que responder con palabras buenas a las palabras maldicientes, sino con obras buenas a las obras malas; y cuando se nos persiga, no solo de palabra, sino también de obra, hemos de tratarles con nuestra propia caridad. El tiene para nosotros una persecución de odio. Nosotros tenemos para él una persecución de amor. En general, todos los que nos persigan deben ser para nosotros objeto predilecto de nuestra oración, de tal manera que, cuando nos pongamos delante de Dios, sea el perdón para los que nos persigan, y ese perdón se convierta en oración por ellos, no para que el Señor tome venganza de lo que no podemos vengar, sino para que se apiade de ellos, los convierta y los salve.

Si quisiéramos traducir todo lo que está entre líneas, eso que se palpa en las Palabras del Evangelio, eso que es como algo que brota del Corazón de Cristo y circula por estas frases, diríamos que el Señor nos quiere recomendar una caridad que no tenga límites, una caridad que abarque a todos los hombres, una caridad que abarque todas las formas del amor, una caridad que lo envuelva todo, de tal manera que nuestro corazón sea como un sol a cuyos rayos se calienten los corazones de todos los hombres. Jesús nos está diciendo que aún en aquellos casos en que la naturaleza humana considera como un absurdo amar, nos dice que debemos amar.

Cierto: mi amor no ha de ser como el amor puramente humano. Es cierto que los hombres aman con facilidad a los que los aman, hacen bien a los que les hacen bien, hablan bien de los que les alaban; pero esto no basta. Yo quiero levantaros, dice el Señor, a una altura más divina. Yo quiero recomendaros un amor sobrenatural, y el amor que Yo os pido es éste: que hagáis lo que los hombres no son capaces de hacer; que améis aun a aquellos que os hacen mal, que oréis por aquellos que os persiguen y tengáis en vuestros labios siempre una bendición para aquellos que os maldicen y calumnian.]

Parece un imposible. Con nuestras fuerzas solas, sí que lo es, pero con la ayuda de la gracia, es posible. Si nosotros no somos capaces de ir mejorando en el trato con los hermanos, incluidos los enemigos, es que nos hemos raquíticamente estacionado en nuestro empeño por ganar el Cielo. Este ya sabéis que será el examen final. Si sabemos el tema que nos van a preguntar, ¿por qué no lo estudiamos y practicamos, para conseguir una plaza, un puesto?

Porque por otro camino estaremos muy lejos de cumplir con el deseo de Cristo, que dijo: “Padre Santo, guarda en tu nombre a estos que me has dado, para que sean UNO como nosotros.” (Jn.17,11)

Que la Santísima Virgen nos ayude a conseguirlo, para que no se nos escape el puesto que deseamos.

AMOR, UNIÓN Y PAZ

FIN

M.S.G.