BIBLIA - SÍNTESIS.111

  • 08-06-22

    8.- El amor, principio de unidad.

    • Ahora bien, en medio de esas diversas funciones de cada uno de nosotros, puestos al servicio de los demás, hay un elemento básico, unificador y vital en este cuerpo de Cristo y es el amor, principio de unidad.

    • Ese es el resumen que nos da San Pablo de toda esta bella teoría de miembros, funciones y servicios. Y precisamente es el elemento que eleva a todos ellos.

    • Es el que los dignifica, es el que les da rango, es el que hace que funciones, en sí sin importancia, se eleven a una categoría de paridad con otras de por sí sublimes (1 Cor 12,31 y 13,1ss).

    9.- El amor nos comunica la máxima fecundidad.

    • Y finalmente ese amor que debe impregnar cualquier operación del último de los miembros del Cuerpo Místico, es el que realizará la maravilla de hacerlo colaborador, con Cristo, en la redención universal.

    • Digámoslo así: Es el que hará eficaz hoy, en la Iglesia, la redención de Cristo (Col 1,24).

    10.- El Espíritu Santo, alma de la Iglesia.

    • Ese principio de unidad es realmente el Espíritu Santo. Cristo «nos concedió participar de su Espíritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo vivifica todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio pudo ser comparado por los Santos Padres con la función que ejerce el principio de vida o el alma en el cuerpo humano» (LG 7).

    • El Concilio alude a diversos Padres de la Iglesia y cita una idea de Santo Tomás de Aquino: «Así como el cuerpo vive por el alma, así la Iglesia por el Espíritu Santo». Que es lo que lacónicamente afirma San Pablo: «Un Cuerpo y un Espíritu» (Ef 4,4).

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M.S.G.